Neoliberalismo y pobreza, tanto monta…

20. marzo 2015 | Por | Categoria: Economía, Magazine

POR BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

En medio de las noticias sobre los últimos escándalos que han rodeado estos días a las élites, como la “lista Falciani” o la quiebra del banco andorrano, hemos conocido lo que se va a destinar a combatir la pobreza por parte de las instituciones europeas.

La Comisión ha aprobado recientemente el último de los programas del Fondo Europeo de ayuda a la pobreza, 3.800 millones de euros destinados a las personas que en Europa viven en tales condiciones. El FEAD (Fondo Europeo de Ayuda a la pobreza) constituye, junto al Fondo Social Europeo (FSE) el instrumento a través del cual la Comisión se compromete a luchar junto a los Estados contra la pobreza; fijándose así, en el marco de la Estrategia Europa 2020, el ambicioso objetivo (y me temo que inalcanzable) de reducir al menos en 20 millones el número de personas que viven en situación de pobreza o están en riesgo de exclusión social hasta el año 2020.

Para el periodo 2014–2020 se han destinado por el FSE 86 mil millones de euros con el objetivo de invertir directamente en personas que han perdido el trabajo y favorecer su reinserción en el mercado laboral. El FEAD, sin embargo, tiene el objetivo de llegar a aquellas personas que afrontan situaciones cotidianas de pobreza extrema y que necesitan de ayuda material en forma de alimentos, vestidos, etc. Además cada estado miembro debe elaborar un plan nacional en el que fije los objetivos y beneficiarios de las medidas y los métodos de empleo de los recursos asignados. De esta manera se trata de que respondan eficazmente a las necesidades de sus ciudadanos.

En 2013, 122,6 millones de ciudadanos europeos se encontraban en situación de pobreza. En nuestro país el porcentaje de estas personas ha crecido desde el 24,5% del total de la población en 2008, al 27,3% en 2013 (en números redondos, 12.866.431 personas) según el índice AROPE (personas en riesgo de pobreza o exclusión social). Es lo que el PP entiende como ir “en la buena dirección”. Cifras que justifican que España sea el segundo país que vaya a recibir más dinero del FEAD (563,4 millones de euros), tras Italia (670 millones). Ahora bien, con un PIB de 9.881.134 millones de euros en 2013, que la UE destine el 0,04% a combatir la pobreza extrema puede decirse que es el chocolate del loro.

Resulta evidente que una lucha eficaz contra la pobreza debe basarse en una política basada en el empleo de calidad. La propia UE reconoce este fundamento como la mejor receta para no caer o salir del riesgo de pobreza. Sin embargo, y al margen de consideraciones cuantitativas, las nuevas orientaciones de las políticas laborales (inducidas por la austeridad que impulsa las propias instituciones europeas) fomentan la precarización y la presión a la baja salarial. Como consecuencias ha aparecido en Europa la categoría de los “trabajadores pobres”, una tendencia que va en aumento. Así lo reconoce en sus conclusiones el “VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España. La estrategia de la Unión Europea de lucha contra la pobreza” (página 19).

Quizá haya quien piense que el tan cacareado Plan Juncker de “reactivación” pueda suponer un estímulo para crear empleo a base de impulsar obras de construcción e infraestructuras. Este plan está presupuestado en 315.000 millones de euros para un periodo de 3 años (comparen de nuevo con el PIB anual de la UE). Pero no se trata de inversión pública directa, es decir, no habrá endeudamiento a partir de los presupuestos comunitarios, sino que se intentará captar inversión privada para alcanzar esa cifra. Ahora bien, si las familias siguen hiperendeudadas, están en paro o con salarios miserables ¿dónde está la demanda que sirva de incentivo para atraer la inversión empresarial hasta alcanzar los 315.000 millones? Una y otra vez las trampas de las políticas económicas impuestas desde las instituciones europeas las hace caer en sus propias contradicciones. Aunque como demagogia, no tienen precio.

Me viene a la cabeza, a modo de conclusión, la frase del humorista gráfico Perich que decía “la caridad es la única virtud que necesita de la injusticia”. Ese parece ser el lema hoy de Europa y sus instituciones.

Foto: archivo cronicadearagon.es

 

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