No más térmica de Andorra

2. julio 2013 | Por | Categoria: Columna Invitada, Magazine, Medio Ambiente, Opinión

POR ECOLOGISTAS EN ACCIÓN DE ARAGÓN – La central térmica de carbón en Andorra es, al mismo tiempo, la industria más contaminante que hay en Aragón y la más prescindible de todas. La pretensión de los partidos mayoritarios de alargar su vida industrial, invirtiendo más dinero en la térmica, es absolutamente incompatible con la lucha contra el cambio climático y la contaminación ambiental.

La central térmica andorrana se enfrenta al reto de adecuar sus instalaciones a la nueva directiva europea sobre emisiones contaminantes (Directiva 2010/75/UE), más estricta, que será de obligado cumplimiento a partir del año 2016. Por ello Endesa, la empresa propietaria de la térmica andorrana, deberá decidir entre el cierre de la térmica, acogiéndose a una plan de cierre que limitaría su continuidad a un tope de tiempo determinado (17.500 horas de funcionamiento a partir del 2016) o bien acometer una serie de inversiones, en torno a los 200 millones de euros, que haría prolongar la vida de la central térmica durante décadas. Según lo indicado por la prensa, Endesa tomará su decisión a fines del 2013.

Dada la estrecha vinculación socioeconómica entre la actividad de la térmica de carbón y las cuencas mineras, los partidos políticos que gozan de mayor representación en la comarca están llevando a cabo una campaña política para conseguir que la térmica de Andorra siga funcionando de modo indefinido e intentan presionar a la empresa para que lleve a cabo las inversiones necesarias para su continuidad.

Para Ecologistas en Acción el caso de la térmica andorrana es un claro ejemplo de como los intereses ambientales, que en ente caso son muy importantes, son siempre los primeros en ser sacrificados ante los intereses políticos partidistas o los intereses económicos de las grandes empresas. El carbón es el combustible fósil que peor balance ambiental presenta tanto por su gran emisión de contaminantes y de CO2, el gas que calienta el clima, como por su peor rendimiento económico. Toda política creíble contra el calentamiento global del clima requiere una fuerte disminución de las emisiones de CO2  y esto pasa necesariamente por la sustitución de los combustibles fósiles (carbón, gas, petróleo…), que emiten este gas invernadero, por fuentes energéticas renovables y por un modelo socioeconómico que prime el ahorro y la eficiencia energética.

El carbón es el combustible de mayores emisiones de CO2 y así, por ejemplo, una térmica de carbón emite 2,7 veces más CO2 por megavatio-hora producido, que una central térmica de ciclo combinado que use gas como combustible. Por eso todos los expertos ambientales indican que el primer paso a dar requiere necesariamente la sustitución del carbón por otras fuentes energéticas. Sin embargo la humanidad está haciendo justamente lo contrario, fomentando el carbón como combustible por intereses económicos faltos de perspectiva. El cambio climático ha sido obviado cuando no hacen más que acumularse pruebas y trabajos científicos que muestran la gravedad del problema y la urgencia de combatirlo.

La capacidad de la atmósfera para contener CO2 de un modo aceptablemente seguro tiene límites y así, por ejemplo, el Potsdam Institute for Climate Impact Research ha calculado que para reducir a un 20% la probabilidad de que la temperatura terrestre no suba más de 2ºC, un aumento ya de por sí peligroso, no deberían emitirse más de 565 Gt (gigatoneladas) de CO2 en el periodo comprendido entre los años 2010 y 2050, lo que supone una media en 40 años de poco más de 14 Gt de CO2 por año. Este objetivo ya es muy difícil de alcanzar porque las emisiones mundiales de CO2, lejos de disminuir, no hacen más que aumentar. Hoy en día las emisiones mundiales atribuidas a las actividades humanas superan las 37 Gt de CO2 anuales, bastante más del doble de la media teórica de 14 Gt, y todo indica que las emisiones seguirán creciendo durante años, haciendo casi imposible alcanzar los objetivos previstos. Por ello, desde el punto de vista ambiental, se puede decir que es verdaderamente criminal fomentar un medio de producción eléctrica, a base de carbón, completamente prescindible en España dado el sobredimensionamiento de la potencia eléctrica instalada y es muy lamentable la hipocresía ambiental de la que hacen gala los principales partidos políticos, que no dudan en vestirse de verdes a la primera ocasión que se les presenta pero que luego apoyan políticamente al mayor centro industrial contaminante que hay en Aragón.

El drama laboral de las comarcas mineras no debe servir de excusa para prolongar durante décadas a la térmica más sucia de Aragón. Estas comarcas requieren ayudas públicas que faciliten, esta vez de verdad, una verdadera reconversión industrial, pero siempre dejando el carbón en su sitio más apropiado, bajo el suelo. La continuidad de la actividad de la térmica de Andorra implicaría la liberación a la atmósfera de entre 60 y 70 millones de toneladas de CO2 por década, un tercio de las emisiones aragonesas, por lo que si Aragón pretende contribuir a la lucha contra el calentamiento global del clima, tal como acostumbran a predicar las fuerzas políticas dominantes, es completamente imprescindible y necesario proceder al cierre de la central térmica andorrana.

Foto: Ecologistas en Acción Aragón

 

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