No sólo de pan vive el hombre…

14. julio 2010 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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Juan Perpiñá.- Esta frase –sagrada para los cristianos– corresponde, según los evangelios, a lo dicho por Jesucristo a sus apóstoles. Efectivamente, no sólo el pan es el fin único del ser humano.

La evidencia de ello se constata en el hecho de que los abuelos hayamos vivido con pasión, junto a nuestros nietos, unos momentos felices por lo acontecido en el reciente mundial de fútbol, olvidándonos transitoriamente de lo crematístico.

 

Precisamente por ello, no resulta anormal que a lo largo de las últimas semanas, los pueblos de este mundo globalizado han dado la sensación de haber enloquecido al vivir apasionadamente todo lo acontecido por el dichoso fútbol. En el transcurso de las retrasmisiones de los partidos jugados por España, las calles quedaban desiertas.

 

El precedente más antiguo de una situación similar lo encontramos a mediados del siglo XX. Los más viejos del lugar, aún recordamos la ansiedad con la que oímos en el año 1950 aquel partido del Mundial del Brasil, en el que vencimos a Inglaterra. Las calles de toda España quedaron vacías mientras escuchábamos la palabra de ese dios de la radio llamado Matías Prats, quien con su prodigiosa voz nos trasladaba como por arte de magia al mismo estadio en que se celebraba aquel partido de los cuartos de final.

 

Los que por entonces rondábamos los veinte años, y por supuesto nuestros mayores, nos sentíamos inmensamente felices por la hazaña colectiva de los Ramallets, Parra, Alonso, los hermanos Gonzalvo, Puchades, Zarra, Gainza y demás jugadores del equipo que dirigía el seleccionador Benito Díaz. 

 

¿Cuántas amarguras –en especial por parte de nuestros padres– quedaban relegadas, ante un mañana incierto? Lo importante aquellos días era vivir los momentos dichosos del juego de España. En aquel acontecimiento deportivo el pan y la mezcla, apenas importaba. Lo que tenía preferencia era la voz que, a través de las ondas radiofónicas, nos llegaba para darnos a conocer todo cuanto hacían nuestros jugadores. Lo principal era todo cuanto tenía que ver con el balón. Ese apasionamiento era el mejor de los alimentos que nos podíamos permitir.

 

Eran tiempos tan distintos a los de hoy… que sólo respecto al fútbol guarda una cierta similitud. La gran ventaja de la ancianidad es el recuerdo imperecedero de lo que un día vivimos y permanece fresco en nuestra memoria. Cuanta verdad es aquello que contradice el refrán de que cualquier tiempo pasado no fue mejor.

 

Ni tan siquiera en lo referente al fútbol que, aún viviéndose hace 60 años con idéntico apasionamiento, no guarda comparación con lo acontecido ahora. Hoy hemos llegado a ser Campeones y en especial la jornada en que se disputó la gran final contra Holanda y el epílogo de la llegada a Madrid de nuestros héroes en medio del fervor de cientos de miles de personas no guarda parangón con lo acontecido con aquel lejano 1950.

 

Al igual que en el pasado, todo lo que no es fútbol se deja cerrado por un tiempo en el baúl de los olvidos. Luego –cuando la fiesta finalice– volveremos como entonces a la dura realidad del día a día, aunque salvando las distancias de una época a otra.

 

Lo expresado en el editorial de CRÓNICA DE ARAGÓN del lunes 12 de julio, en el que dice “ahora es el momento de disfrutar” y que los problemas “pueden esperar a mañana”, coincide al cien por cien con las reflexiones sobre la locura colectiva emanada de un simple balón de fútbol.

 

Conclusión: a lo hecho, pecho, y mañana… mañana será otro día.

 

 

Foto: Gol de Zarra a Inglaterra en Brasil–1950 (fuente: 20minutos.es)

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