No somos nada

5. diciembre 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

Durante mucho tiempo, esta frase se identificaba inmediatamente con la muerte porque era aquello que se decía cuando nada de lo que se dijera podía aportar consuelo, ese momento en el que la solución no existe, hay lo que hay y no tiene remedio.

La evolución ha hecho que esta frase quede relegada, anclada al pasado y transformada, casi, en una frase que más bien se utiliza para chistes y chascarrillos.

Retomemos la frase sin negar la evolución, démosle el sentido que nuestra actualidad le otorga porque no somos nada, ahora no somos nada.

El paro.

Nuestro Gobierno cifra en casi cinco millones de personas esta lista de desesperanza.

La CEOE, en medio millón más.

Motivo: tan sencillo como contabilizar como parados aquellos que, simplemente, se han eliminado de las estadísticas porque están, por ejemplo, recibiendo cursos de formación por la simplísima razón de estar en paro.

Prestaciones.

Uno de cada tres parados, aproximadamente (no sea que alguien me tilde de exagerado o partidista), no recibe prestación alguna, o sea, más de un millón y medio (posiblemente casi dos millones incluyendo a los que se forman).

Medidas.

El sistema financiero saca todas sus vergüenzas o, simplemente, se fusiona para que no acaben saliendo del todo. Resultado, cientos y cientos de parados más.

La normativa sobre dependencia se modifica para ahorrar un dinero que tanta falta hace a los pobres bancos. Resultado, cientos y cientos de parados más.

Los mayores de 45 años ven cómo las empresas pierden el derecho de bonificación en cotizaciones a la Seguridad Social. Resultado, cientos y cientos de parados eternos.

Recortes y próximas privatizaciones en el sistema sanitario. Resultado, cientos de parados ahora y muchos más cientos en el futuro.

Recortes en educación. Resultado, cientos y cientos de parados más.

Y otras medidas que no hacen sino aumentar sin descanso esas fatídicas listas junto con otras decisiones, seguro que dificilísimas de tomar, que no hacen sino ahogar económicamente a quienes las conforman y a quienes tenemos la inmensa fortuna de escapar, por ahora.

Resultado, menor actividad económica y, por tanto, más paro.

Pero el Gobierno, nuestro Gobierno, también toma decisiones de calado para los ciudadanos, como aprobar ese impuesto cero para la banca o la refranquización de la educación, asuntos que, sin duda alguna, insuflan calma, esperanza y, sobre todo, confianza.

Ja.

A mí, las cuentas que me salen es que, sumando la cada vez mayor pobreza de los ciudadanos con la mayor riqueza de los ricos y la orientación de la nueva educación, más pronto que tarde retomaremos más conceptos ya olvidados por el paso del tiempo, algo así como la frase del título.

¿O ya no nos acordamos de quién manda en el pueblo?

El alcalde, el cura y el señorito.

Vivasssppaña.

 

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