Orfandad

25. octubre 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

por Raúl Bruna ··········

Los resultados electorales siempre son interpretados de múltiples maneras y en esta ocasión no iba a ser diferente.

Galicia y Euskadi han supuesto un nuevo descalabro no socialista, sino del PSOE, cosas distintas hoy.

¿Por qué?

La irrupción del nacionalismo de izquierdas, como dicen algunos, puede ser una de las razones, pero el nacionalismo de izquierdas no irrumpe como de la nada.

Habrá motivos, digo yo.

La herencia del zapaterismo, como si el zapaterismo fuera tan sólo el último periodo de su gobierno, el del nacimiento de la crisis.

Mientras tanto, el Partido Popular se revuelca del gozo y de la risa a pesar del, en mi opinión, previsible batacazo vasco.

Manifestaciones de todo tipo, huelgas de todos los colores, pancartas ingeniosas y no tanto, acampadas, concentraciones, pitos y flautas, pero sus votos se siguen contando por montones y los del adversario desaparecen a montones, siempre teniendo en cuenta que los votos, en general, también desaparecen.

Nadie está de acuerdo con las políticas de Rajoy y los suyos, o casi, pero hoy ganarían de nuevo las Elecciones Generales y, posiblemente, lo que cambiaría sería el reparto opositor.

Esta misma mañana he asistido a un acto en el que la presidencia de una Asociación empresarial decía no a los recortes y no a las subidas de impuestos mientras reclamaba políticas de reactivación económica por encima de tanta austeridad suicida.

Parecía un líder progresista, pero no lo era.

Todos los datos y multitud de expertos nacionales e internacionales aluden a ese carácter suicida, a un callejón sin salida en el cada vez estamos más metidos.

Estoy convencidísimo de que si hubiera una especie de referéndum sobre la política económica y alcanzáramos un imposible 100% de participación, Rajoy y su Gobierno no se llevarían más votos que los suyos, los de sus madres y familiares más próximos, amigos íntimos y los del grupo de hooligans que nunca faltan.

Unos pocos miles en la inmensidad del universo votante.

¿Pero qué es lo que pasa?

Si todos estamos convencidos de que nos llevan al precipicio ¿por qué seguimos permitiendo que manejen el volante del cheque en blanco en que se han convertido las urnas?

Pues creo que porque tenemos asumido que son los unos o los otros, o sea, el PP o el PSOE, nada más, y porque en estas condiciones el PP no tiene, actualmente, rival.

Y porque su hipotético rival ha perdido la inmensa oportunidad que tuvo en su último Congreso para reconocer el error de alejarse del Pueblo y tomar decisiones que lo acercaran y que fueran capaces de ilusionar a ese Pueblo.

A un Pueblo que, estoy seguro, está mayoritariamente deseoso de propuestas de izquierdas, no extremistas, pero de izquierdas.

Al final, lo que el Pueblo tiene hoy es una profunda sensación de orfandad, una necesidad de liderazgo social, de izquierdas, que no existe ni se prevé.

 

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