Pobreza y trabajo en Alemania, un “modelo” para España

19. junio 2015 | Por | Categoria: Economía, Magazine

POR BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

Ayer publicó un diario español una entrevista al presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, donde entre otras cosas bendijo las “reformas” acometidas en España y presumió de que en Alemania se había superado la crisis “porque abordamos la reforma del mercado laboral”. No vamos a pedir que un burócrata, con más poder que cualquier parlamento democrático eso sí, conozca con detalle la miserable realidad social de nuestro país, pero sí al menos que conozca la del suyo propio.

Hace poco más de un mes, la prestigiosa Foreign Policy informaba de un nuevo estudio sobre la pobreza y las desigualdades en Alemania. Según el mismo, en poco más de una década el país se ha convertido en el motor económico del continente europeo. La industria de exportación ya es la segunda más grande del mundo con el apoyo, claro, de un euro débil. Mientras, a nivel interno la confianza del consumidor ha alcanzado su nivel más alto desde hace 13 años. Pero estos ramajes macroeconómicos ocultan el bosque.

Los datos sobre la realidad del “motor de Europa” nos dicen que la pobreza en Alemania está en su nivel más alto desde la reunificación hace 25 años. Cerca de 12,5 millones de los 80 millones de alemanes están ahora catalogados como pobres: ganan menos del 60% del ingreso medio por hogar (para una sola familia, unos 900 euros al mes). Las personas mayores y las familias monoparentales son las más propensas a caer en esta situación.

Un factor que incide en esta situación es el crecimiento del número de “trabajadores pobres”, las víctimas de esa “reforma del mercado laboral” de la que alardea Weidman en la entrevista. De acuerdo con la Oficina Federal de Estadística, más de 3 millones de trabajadores alemanes han caído por debajo del umbral de la pobreza.

Las raíces de ello hay que buscarlas en la llamada Agenda 2010, un paquete de reformas del ex canciller “socialdemócrata” Gerhard Schröder promulgadas en 2003. El mismo tipo de recetas que se están implantando aquí en España y que para el presidente del Bundesbank tan diligentemente estamos llevando adelante. La Agenda 2010 introdujo una nueva categoría de flexibilidad laboral a tiempo parcial bajo la idea de que cualquier trabajo es mejor que no tener trabajo, un axioma por cierto que repetía hace años el ahora “campeón” de los Derechos Humanos, Felipe González.

En efecto, la idea de la Agenda 2010 era dar a los desempleados y pobres la oportunidad de trabajar comenzando con este tipo de empleos y con la expectativa de encontrar paulatinamente un trabajo a tiempo completo. Pero la realidad ha desmentido esta pretensión. La propia Agencia Federal de Empleo alemana puso de manifiesto que el número de empleos temporales se ha duplicado en los últimos 10 años y que la mitad de los contratos de trabajo de duración determinada expiran después de menos de tres meses. Y, por supuesto, que el sueldo percibido está muy por debajo de lo retribuido por un trabajador a jornada completa. De esta forma, los mini-jobs se han convertido en multi-jobs, el tradicional “pluriempleo”. Y es que la mayoría de esta categoría de trabajadores necesitaría trabajar más y ganar más; lo que indica una situación de subempleo oculto con poca posibilidad de movilidad social ascendente, lo que pone de relieve una creciente desigualdad.

Un estudio de 2013 del Instituto de Política Macroeconómica de Düsseldorf informó de que el coeficiente de Gini, una medida utilizada para clasificar la desigualdad, se ha incrementado en Alemania en casi un 13% desde 1991 hasta 2010. Hay que advertir no obstante que esto no es solo un fenómeno alemán, como ha demostrado hace pocos días un informe del FMI, sino que afecta de manera creciente tanto a los países occidentales como a los llamados “emergentes”.

La creciente brecha entre ricos y pobres, fruto de la falta de movilidad económica, están socavando la idea del “milagro alemán” y el futuro de millones de trabajadores en toda Europa. Nadie en España, o en Grecia, ha votado a Jens Weidmann, pero sus decisiones son la correa de transmisión de los grandes poderes empresariales a quienes representa.

Foto: archivo cronicadearagon.es

 

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