Politicotomía

4. febrero 2013 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

Su definición sería algo así como “extirpación del tumor social maligno constituido por políticos y políticas que, invadiendo los órganos vitales de la sociedad, ponen en serio riesgo su vida”.

Vaya ruido con lo de la contabilidad b, de Bárcenas. Y qué cachonda la vida.

Contabilidad b, de Bárcenas, no había más letras.

Si es que, al final, todo tiene sentido y, según el pie con el que te levantes, hasta gracia.

No es que no me indigne el asunto, que por supuesto, pero es que no me sorprende en absoluto. Lo juro.

Tengo la firme convicción de que esos apuntes correspondientes a otras tantas tropelías no son más que una pequeña parte de las monedas de plata que han corrido por el interior del partido popular.

Pero es que tengo la firme convicción de que no sólo han corrido por el partido popular refiriéndome, en este párrafo, a partidos políticos.

Pero es que tengo la firme convicción de que también han corrido por fundaciones, instituciones, organizaciones empresariales y sindicales, asociaciones, iglesias, etc., etc., etc., etc., etc., etc.

Si es que estamos rodeados de sinvergüenzas.

Qué malos los sinvergüenzas.

Sinvergüenzas. Qué palabra tan bien construida y qué bien pensada en cuanto a su género.

Escribir sinvergüenzas y sinvergüenzos sería un coñazo.

Un problemilla.

A los y las sinvergüenzas les hemos permitido entre todos que lo sean.

Alguna responsabilidad tendremos que reconocer, ¿no?

Por ejemplo, recuerdo perfectamente que hace no mucho tiempo tooodo el mundo admiraba a los sinvergüenzas y al sinvergüencerío.

La cosa era la de siempre: las perricas.

“Y qué bien hacen”, decían algunos y pensaban casi todos.

“Yo que pudiera”, decían algunos y pensaban casi todos.

“Habría que matarlos”, dicen algunos y piensan muchos, supongo que metafóricamente. Off course.

Pero bueno, seamos positivos y confiemos en que todos y todas hemos aprendido la lección.

Soñemos con que los algunos y los casi todos se han dado cuenta de su pretérito error.

Y soñemos con que vamos a exigir la regeneración de la sociedad a través de la regeneración de la política.

Y si no vale con exigirla, soñemos que la forzamos, porque los políticos y políticas no son nuestros jefes, son nuestros representantes.

Sólo hay un jefe: el Pueblo, y el jefe tiene que poner las cosas en orden.

Tan sólo necesitamos un buen cirujano.

Un especialista en politicotomías.

Pero si no lo encontramos, propongo que la operación la realicemos nosotros mismos y sin guantes si es necesario porque, desde luego, este tumor dictatorial nos está matando.

Y nosotros tomando aspirinas.

 

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