PP–PSOE–Ciudadanos–Cebollinos–Cebolletas y resto de Berenjenas y el crecimiento económico que propugnan: ¡Adelante, la carretera nacional es vuestra! (he dicho vuestra)

29. mayo 2017 | Por | Categoria: El ojo atípico, Magazine, Opinión

POR MANUEL SOGAS

Mi querido lector o lectora, si es que continua leyendo y para que no haya equívocos, ha de saber que lo que sigue no es producto de una luz cegadora procedente del más allá acompañada de una voz que me dijera: “Manolo, tú a lo tuyo, di lo que quieras que aquí estoy yo para ratificarlo, y ¡ay! de aquel que te desobedeciera o desobedeciese, o tan sencillo como esto: que hiciere o hiciese lo que le viniere o viniese en gana ignorando lo que tú dices, que es lo que yo digo. No perdamos más tiempo y escribe, Manolo”.

Lo que sigue, efectivamente es mío, pero sin más luz que la que me da la bombilla del flexo y el poco conocimiento que he podido extraer de las lecturas de las Obras de Marx (he dicho lecturas de las obras de Marx y no de titulares de prensa ni libracos sobre el marxismo escritos, incluso, por algunos que reconocen abiertamente no haber leído nunca a Marx, caso, por ejemplo, del señor Piketty, economista, profesor en París, ¡ahí es nada!, y hombre de gran prestigio, autor de un libro de más de 800 páginas con innumerables datos estadísticos que valen, eso sí, para explicar el capitalismo y sus consecuencias, pero que en absoluto desmiente a Marx, sino que en todo caso le da la razón).

El artículo que sigue, efectivamente, demuestra que la crisis de 2007 está superada o en vías de superación, pero desde el punto de vista del capital. El único objetivo que persigue el capitalismo es el acrecentamiento de los capitales. Las democracias, las acciones humanitarias que realiza (a base de amontonar muertos), etc., constituyen toda la furrufalla ideológica orientada en todo momento a lograr su fin: insisto, el acrecentamiento de los capitales.

La crisis se produce cuando el mecanismo que hace crecer los capitales se interrumpe. La crisis se supera (siempre desde el punto de vista capitalista) cuando ese mismo mecanismo vuelve a ponerse en marcha.

Hasta la crisis de los 70 del siglo pasado, el motor del crecimiento de los capitales se centraba casi exclusivamente en el proceso productivo (creación de productos materiales). Cuando éste por “agotamiento” (no porque los que los administradores del capitalismo y sus intereses lo administraran mal,… que lo hacían y lo siguen haciendo “muy bien”…), ya no era capaz de mantener el ritmo de crecimiento que los capitales invertidos necesitaban para seguir en pie, el capitalismo se ve necesitado, e imperiosamente obligado, a obtener por otros medios la parte de beneficios que ya no puede extraer directamente, por “agotamiento” del proceso productivo.

Y es en este momento cuando aparece la figura del “neoliberalismo” que llega hasta nuestros días, como método de obtener la parte de beneficios que necesita el capitalismo para seguir funcionando (es decir, para seguir acrecentando los capitales, que ya no pueden ser extraídos directamente del proceso de producción).

Con esto se inicia la preponderancia del capital financiero sobre el capital productivo, y esto es lo que explica (y así lo demuestra el análisis al que remitimos en este enlace) que los capitales crezcan (aumento del PIB, acrecentamiento de los capitales, salida del estancamiento que supuso la crisis de 2007, o sea, salida de la crisis desde en punto de vista del capitalismo), mientras la masa de salarios en manos de los asalariados disminuye.

Esto es consecuencia lógica de la dinámica de funcionamiento del capitalismo, que no puede ser cambiada mientras el capitalismo sea capitalismo, dando igual quien esté dirigiendo la política, sea Juan o Pedro, sea un político de 63 años o un chiquirritín de 27.

Mientras no se cambien las relaciones de producción basadas en la explotación, por otras relaciones de producción basadas en la colaboración (esto es, mientras no se pase del capital–ismo al social–ismo), no mejorará la suerte de los trabajadores. Hablamos, por supuesto, de los trabajadores que crean valor con su trabajo, no de los que “trabajan” robando al Estado (y por lo tanto, a los trabajadores) toda la riqueza que pueden.

Por ello, pedir y aceptar como fórmula para salir de la crisis (¿pero no se nos dice que ya hemos salido de la crisis?) un mayor crecimiento económico (que es lo que hace el capital de manera muy acertada, desde su punto de vista), significa para la clase obrera ganar menos, disfrutar cada vez menos de la riqueza que crea.

Obsérvese, sin embargo, que ningún partido político (de centro, centradito, centraloide, cebolleta, berenjena, o pendiente de centración) se declara formal y claramente a favor del capital y contra los trabajadores, al igual que ocurre con los sindicatos de consenso (dialogantes y buenas mariscadas, nada partidarios de la bullanga y violencia que demuestran de palabra y obra los que dicen claramente defender los intereses de los trabajadores), o con los economistas de mucho trapío y más postín que asoman por las televisiones, muy bien preparados, muy competentes, con muchos laureles y salarios en consonancia, pero sin cuestionar la economía capitalista, a la que dan como única, natural e inalterable, cuando ya se sabe que existen otros tipos de economías no capitalistas; por ejemplo, y tirando por lo bajo, la cooperativista, basada en los principios del Cooperativismo Inglés de 1843, hoy estrangulados y condenados al olvido por la legislación actual.

Obsérvese la cortesía de no considerar ahora la economía marxista para no asustar ni sofocar a la Tía Pascualina de don Luis del Val.

Por ello, quienes promueven o apoyan la idea de más crecimiento económico como antídoto para salir de la crisis, lo que en realidad hacen es proclamar que están de acuerdo con que el trabajador trabaje cada vez más por menos salario y en situación más precaria, porque a eso es a lo que conduce el “neoliberalismo”, como la realidad viene demostrando día sí y día también.

La clase trabajadora debería tener claro que no va a salir de la crisis, pues sus condiciones de vida, lejos de mejorar, empeorarán paulatinamente en intensidad y en extensión; y no porque los capitalistas ahora se hayan vuelto unos malvados (que en esto, la maldad o bondad tienen poco que ver), sino por la propia dinámica interna de funcionamiento del capitalismo, que le lleva inexorablemente a su fin, y a su sustitución por un modo de producción socialista (obsérvese que he dicho “socialismo”, no PSOE actual o futuro cuando se calmen las aguas de su superficie).

Y lógicamente, para concluir, de esta crítica no está excluido Unidos Podemos, y la razón de razones: no está de forma práctica y generalizada el funcionamiento de los CÍR-CU-LOS, que son la base del Podemos inicial, donde deben ser discutidos, entre otros muchísimos asuntos, el que aquí se viene tratando con el objetivo de ir formando la mayoría social necesaria para un cambio económico, político e ideológico, que como no salga de los CÍR-CU-LOS no saldrá de ninguna parte (ni siquiera del mejor y más genuino marketing político, por mucha marca de calidad que pudiera llevar).

 

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