Presente y futuro de las pensiones

2. febrero 2011 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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Hoy por hoy, la vida del pensionista sigue igual, sin alteraciones. Al menos, los que percibimos la pensión mínima, más de tres millones de españoles, nos encontramos como siempre, o sea que nos siguen faltando cuatro pesetas para un duro, como se solía decir en tiempos lejanos.

 

Otra cosica es la congelación que han sufrido en las suyas, aquellos pensionistas de mayor nivel. De cualquier manera tanto unos como otros podemos decir aquello de “Virgencita, que me quede como estoy”, porque en tiempos tan revueltos como los que estamos viviendo, no hay que descartar peores situaciones.

 

El presente nos da un margen de respiro, que aún siendo tan pequeño como el aumento que hemos percibido (13 euros) en la primera paga del 2011 que nos supone una mensualidad de 570, que aún siendo insuficiente, con ello vamos afrontando el temporal, como lo hacíamos en los años de bonanza (2002) cuando gobernando el PP, percibíamos una pensión de 391 euros al mes (179 euros menos que ahora), o sea, que hemos mejorado un 30%.

 

A fuerza de ser sinceros, a los pensionistas de hoy, sólo nos interesa lo que cobramos cada mes. Por ello nos la repanpinfla todo este tejemaneje que han llevado a cabo la patronal, los sindicatos más representativos y, por supuesto, el Gobierno, para reformar el sistema de pensiones cara al futuro. Ellos y la práctica totalidad de partidos políticos consideran que las medidas que se han tomado afianzan las pensiones a cuantos han de percibirlas allá por los años 30 y 40 del nuevo milenio ¡Muy largo me lo fiáis!

 

La larga distancia que separa el presente del futuro nos obliga a desentendernos del problema, y a expresar con una gran dosis de cinismo por nuestra parte “¡Allá se las compongan ellos!” ya que prácticamente todos, absolutamente todos cuantos pensionistas venimos cobrando lo hoy establecido, habremos pasado –como suele decirse– a “mejor vida”, donde el que allí yace nos espera, como reza un epitafio en el nicho ubicado en la parte más antigua del cementerio de Valencia, que dice así “Oh mortal, que por aquí pasares, yo fui lo que tu eres, quizá hoy seas tú lo que yo soy. Aquí yace quien te espera”.

 

El egoísmo humano es tan enorme, que para la inmensa mayoría de los mortales, lo que importa es su momento. Lo que ocurra en el futuro a los demás importa un rábano. Todas las componendas y vaticinios que ahora se hacen, desde impulsar planes de pensiones privadas, hasta la necesidad de buscar ahora una posibilidad de que en ese mundo de viejos al que vamos a desembocar en el futuro se sigan percibiendo pensiones, no hacen más que acarrear argumentos a quienes solo piensan en ellos mismos, cerrando con un definitivo y tajante ultimátum que se puede concretar en la siguiente frase “el que venga detrás que arree”.

 

Lástima que el auténtico salvador de la patria, el nunca bien ponderado José Mª Aznar, no sea más que un cadáver político, ya que sólo él podría mejorar el presente y el futuro de los pensionistas, por mucho que digan sus millones de detractores que su cháchara brilla como rayo de sol reflejado en caldero vacío.

 

De este ser privilegiado por los dioses, al igual que su representante en la tierra (Mariano Rajoy) podría decirse aquello que nos enseñó Manuel Machado, cuando explicaba que de diez cabezas, dos discurren y ocho embisten (lo de embestir sin reparos queda reservado para Cospedal, González Pons, Soraya, Arenas, y otros sobreros de la misma ganadería).

 

Dichosos aquellos que en su lejano futuro puedan contemplar, desde la distancia del tiempo que lo acordado hoy, fue un acierto, o que por lo contrario, todo a fin de cuentas resultó un monumental desacierto.

 

La inmensa mayoría de los pensionistas del presente nunca lo sabremos, porque el destino nos marca la fecha de caducidad y a ver quién es el guapo que llega vivito y coleando al año 2030.

 

De cualquier manera, todo está bien, si bien acaba.

 

 

Foto: archivo Gobierno de Aragón

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