¿Quién teme a Syriza feroz?

16. enero 2015 | Por | Categoria: Economía, Magazine

POR BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

Syriza es la peligrosa formación que amenaza la tranquilidad de la gran familia europea y su hijo probeta, el Euro. Este el mensaje que ha predominado tras la decisión hace unas semanas de convocar elecciones anticipadas en Grecia. El autoritarismo económico que ha dejado en la pobreza un pueblo entero, ha quedado fuera de los titulares.

Los datos económicos son elocuentes. Desde 2008, la tasa de desempleo ha aumentado del 7,5% al 28%, el desempleo juvenil ha crecido del 22% al 62%, el poder adquisitivo de los hogares se ha derrumbado en un 40%, la contracción general de la economía fue de aproximadamente del 25%, peor que la acusada durante la Gran Depresión. Cifras que sin embargo, no logran traslucir el sufrimiento humano tras ellas.

Por ello pide Syriza algo tan común como discutir con los acreedores las tasas de interés y la reestructuración de la deuda, toda vez que ha quedado claro, como indican muchas voces, que es imposible afrontar su pago. Vamos, lo natural en cualquier empresa ante una situación de dificultad de tesorería.

Pero no sólo empresas, también los Estados han caído en la trampa del endeudamiento y han reorganizado su deuda. En el continente americano por ejemplo, se han declarado en default prácticamente todos los principales países: incluso los Estados Unidos, y en tres ocasiones, entre 1779 y 1798; y en 1862, en las postrimerías de la Guerra Civil, se declara «deuda odiosa» la de los estados confederados. Pero el más recordado sin duda ocurrió en 1971 bajo la presidencia de Nixon, al eliminar la convertibilidad unilateral del dólar en oro.

En Europa, España se declaró en default diez veces, cuatro veces solamente durante el reinado de Felipe II; Portugal seis veces; Francia tampoco ha cumplido sus obligaciones y Alemania lo hizo en cuatro ocasiones. Grecia, por su parte, ha sido insolvente doce veces. En la última, declaró impagos en 2012 sobre una deuda de alrededor de 206.000 millones de dólares. La quita para los acreedores fue entonces de alrededor de 107 millones, salvaguardando adecuadamente los intereses de los grandes bancos alemanes y franceses. Esta deuda está ahora en manos públicas (BCE y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera), que quieren cobrar.

Una vez alcanzado este acuerdo, la Troika puso en marcha el segundo rescate a Grecia. Se movilizaron 130.000 millones de euros para recapitalizar los bancos griegos, los más afectados por el default. Nada para relanzar su economía, para paliar el sufrimiento de un pueblo que caía en la miseria más absoluta. La sharía impuesta fue la de los acreedores, la del ojo por ojo, sin contemplaciones. Y ahora de pronto las élites europeas se indignan con la amenaza fantasma de la democracia ¿A qué viene este histrionismo cínico?

Antes de ofrecer algún esbozo de respuesta, añadamos que el nivel de deuda con bancos alemanes, franceses u holandeses de Grecia, al margen de esta quita de 2012, ha sido siempre notablemente bajo en comparación con España o Italia. Con una deuda pública que llega hoy al 180% el gobierno alemán de la Eurozona sabe que ya no va a poder transformar los créditos de la banca europea (o sea, la deuda de las familias y de los bancos griegos con ellos) en más deuda pública griega: los hogares griegos ya no pueden transferir más riqueza a los balances bancarios de los acreedores. Para 2015 las cuentas griegas no cuadran. Hacen falta 12.500 millones de euros. Sólo puede sacarlos de los mercados (¡más deuda!) o con más recortes. El pueblo está agotado y Syriza, teóricamente, puede significar la ley del punto final.

Digo “teóricamente” porque los márgenes de Syriza son estrechos. Sería inocente hablar de democracia en Grecia o en cualquier otro país cuando la soberanía de quienes forman la Eurozona está cautiva y en manos de un poder colonial (el Banco Central Europeo) que controla, nada menos, que la autonomía financiera y económica de tales países y que ha instaurado el endeudamiento como un régimen de control en manos de las multinacionales financieras. No en vano ese Banco Central no es sino el club privado de la banca europea más poderosa.

Las amenazas cínicas de la élite política europea cuando Grecia anunció elecciones anticipadas responden a la reacción del señorito engreído que se ve obligado a reconocer su fracaso. Esto, además de molesto, es grave ya que supone un riesgo de pérdida de legitimidad. Significa desnudar al emperador, al tecnócrata que hoy día es el verdadero dueño de los resortes institucionales de Europa. Quiero decir con ello que más que razones económicas y financieras, supone reconocer que el debate vuelve al terreno de juego de la Política, de la ciudadanía. Justo lo que el BCE considera intolerable.

A este respecto un apunte último. Quizá esperamos demasiado de Syriza como lo hicimos con Hollande en su día. Syriza no es la alternativa frente a la Europa del capital. Su humilde propósito (¡y no es poco!) es negociar condiciones dignas para su pueblo. Tsipras no quiere (no puede) romper con esa Europa. No sólo desde una perspectiva jurídica, como reconoce el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, sino que carece de la envergadura política como Estado para hacerlo. Bastante tendrá con acabar con la oligarquía de su propio país, aquella precisamente que ha gobernado el país hacia la catástrofe actual.

Foto: Michalis Famelis

 

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