Rajoy, el metemiedos

27. agosto 2015 | Por | Categoria: El ojo atípico, Magazine, Opinión

Mariano Rajoy que es el hombre del saco, el coco o el chupasangre ante el cual, sólo con leer o escuchar su nombre debería inducirnos a emprender veloz carrera sin mirar atrás, con la idea fija en la cabeza del sálvese quien pueda y “puños pretos” en los bolsillos para que no nos robe más, es en cambio el hombre que se dedica a meternos miedo apelando a la maledicencia de los demás a partir de calumnias y maldades que están más cerca de formar parte de su esencia personal que de quienes se las atribuye, que para eso es también un enfermizo mental.

Y es que, Rajoy, aparte de ser lo que es, o más si cupiera o cupiese, es un cínico y un embustero, un vende patrias, un traidor y un cobardica con menos agilidad mental que el caballo del malo, además de constituir un verdadero peligro para la paz y la estabilidad social, ley mordaza aparte, que no sé si estas afirmaciones hay que premiarlas o castigarlas por ley.

Es natural por llevarlo en su filosofía de vida interior que Rajoy cumpla con su “deber” antes que con los compromisos del programa electoral que presentó a sus electores. Al fin y al cabo, él debe obediencia servicial a Ángela Merkel, que es su ama, la que a su vez es la sirvienta de los grandes capitales alemanes. Y de esta manera, Mariano Rajoy empieza con el cumplimiento de su “deber” de cobrar una parte de su sueldo por ser Registrador de la Propiedad, por cuyo Registro y por razones obvias no aparece ni en fotografía desde hace años, más el cobro que le corresponde por ser presidente del gobierno español, más los cobros que no le correspondían por los dineros A, B, Ch, J, P, Q y Z de la caja o cajetín del PP, mientras cientos de miles de padres de familia más trabajadores, decentes y honrados que el susodicho Mariano, no tienen un euro que poder llevar a sus casas.

Con las patas por delante, o sea, con el miedo, propio de rastreros intelectuales, Mariano Rajoy empieza a decirnos con su comparsa concurrente, que como a los españoles se les ocurra votar a alguien que no sea el PP, o sea, a él, Dios ya tiene aviso de pretar el botón del tuli, tuli con el que empezará el fin del mundo, cuando el fin del mundo en realidad podría empezar en el momento que bajen los beneficios en los bolsillos de los americanos, rusos, chinos, franceses, ingleses, israelíes, indios, coreanos y vayan ustedes a saber quién más, y les entre la turuntela dándoles por echarse los unos a los otros y los otros a los unos sacos de bombas atómicas, disimuladas entre puñadillos de caramelos con sabor a fresa y limón, no sea que el ministro de armas Morenés se lleve todas las culpas. Que por cierto, en España bien podrían empezar a caer las bombas atómicas y tónicas por Rota o Morón de la Frontera, por poner un ejemplo aquí entre amigos, sin darle importancia a la cosa.

Según la política de Rajoy del “asusto que algún miedo quedará”, como en España gobierne quien no sea el PP con reflujos de una u otra manera del PSOE (que a ver si Dios y la corte celestial que le acompaña siempre haga frío o calor quieren que así sea) aparecerán millones de parados; millones de trabajadores que trabajando ya son pobres; el cincuenta por cien de los jóvenes con menos porvenir que un vendedor de estufas en el desierto del Sáhara en pleno mes de agosto; con decenas de miles de españoles buscando trabajo en el extranjero; con una corrupción de altura rumbo y tronío hasta las cejas; con unos solemnes delincuentes sueltos como Rato por el Mediterráneo, pasándolo pipa de vacaciones con el dinero robado, y entrevistándose con el ministro del Interior para que no le hagan pupita de ninguna de las maneras.

En fin, que dejarán, según Rajoy el metemiedos, una España justamente como la han dejado el PP y el PSOE que son los únicos que han gobernado, y que por ello son los únicos responsables, y no el que le echó el primer pienso al toro que mató a Manolete, que es con el que Rajoy pretende temer miedo a todo el mundo, incluso a los taurinos de su propia cuerda.

 

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