Rajoy no recupera la confianza: la pierde

10. abril 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

La prima de riesgo supera los 400 puntos básicos, la bolsa baja, las subastas de bonos se sitúan en mínimos en cuanto a cifra adjudicada y en máximos en cuanto a intereses a pagar por ella.

La diferencia respecto a la situación de hace algunos meses es, nada menos, que ha cambiado nuestro Gobierno y nuestro presidente y, por supuesto, las decisiones.

Mariano Rajoy, en su empeño de ocupar el palacio deLa Moncloa, supo dominar una campaña electoral en la que su mejor opción era la inercia, defendida por él y su equipo a través de una ambigüedad que no fue suficiente para que su opción se presentara, una y mil veces, como garante de la recuperación de la confianza de los mercados y los socios exteriores; como garante de la toma de decisiones que aportaran soluciones; como garante del interés general de los españoles, tantas y tantas veces nombrado y reclamado por el partido posteriormente ganador de las elecciones generales y por su líder y, consecuentemente, nuevo presidente de todos los españoles.

En cien días sin clemencia, el nuevo Gobierno de mayoría absoluta capitaneado por el señor Rajoy ha hecho lo que decía que iba a hacer, aunque tan sólo lo que ponía entrelíneas, lo demás se ha demostrado pura propaganda, pura demagogia, conceptos y ya realidades que, desgraciadamente, no son propiedad exclusiva de los actuales gobernantes.

Pero son ellos los que gobiernan y, por tanto, los que tienen que aportar soluciones, soluciones que nadie pensaba que fueran sencillas y que todos sabemos que deben ser imaginativas y valientes, sencillamente porque si no es así, no serán soluciones sino meros aplazamientos amparados en cuestiones de fe que tan sólo el futuro puede situar en el escenario de la razón o en el del fracaso y que, en cualquier caso, pueden suponer enormes sacrificios, injusticias y pasos atrás.

Rajoy y su Gobierno se han afanado en caer bien a los jefes exteriores, en hacerles la pelota de manera casi indigna y en poner a los españoles del interés general no en segunda fila, sino en la última y, desde luego, muy por detrás de macro intereses políticos y económicos.

En cien días, poco más se puede hacer para demostrar, a todas luces, cómo se puede gobernar de espaldas a un Pueblo, pero me parece peor cómo se puede ser tan capaz de hacerlo y tener el valor de insistir una y otra vez en que los tortazos que recibimos son por nuestro bien y que ellos sufren mucho más que nosotros por tener que darnos esos tortazos.

Perfecto perfil del agresor: “no quiero hacerlo pero no me dejas más remedio”, “verás cómo todo cambia”, “confía en mí”, “hazme caso y todo irá mejor”, “todo esto es por ti”…

No me siento con la capacidad de afirmar que Rajoy pudiera hacer las cosas de manera opuesta, soberanía perdida e incluso respeto, pero sí de manera diferente y, desde luego, infinitamente más valiente, porque no es más valiente el político que doblega al Pueblo, ya indefenso, sino el que lo defiende ante los poderosos, tan sólo así puede tener alguna legitimidad para pedir sacrificios.

Cien días para una reforma laboral inútil, injusta y agresora, para que unas elecciones autonómicas sean motivo para retrasar los presupuestos generales del Estado (la más importante norma de una legislatura), para que éstos sean también inútiles, injustos y agresores, pero además para que beneficien al infractor, al insolidario, al delincuente en el que, quizá, muchos españoles estén pensando en convertirse dadas las circunstancias.

Cien días para mandar a freír espárragos la investigación, la cultura, las políticas sociales y la esperanza de millones y millones de españoles que, atónitos, asistimos a un tiempo en el que los empresarios de mayor éxito pueden decir con total impunidad que tenemos que aprender mucho de las tiendas que los ciudadanos chinos abren como setas sin que nadie sepa cómo, de la misma manera que nadie sabe cómo no tienen inspecciones de seguridad o de salubridad o laborales y, si es que las tienen, nadie sabe cómo es posible que las superen.

Perdón por la generalización.

Cien días para volver a sufrir que nuestros políticos conviertan votos en cheques en blanco y vuelvan a pasarse la voluntad del Pueblo por el arco del triunfo. Y su futuro.

Los dos primeros resultados electorales avalan mi postura;la Huelga General, también.

Nadie en su sano juicio puede pensar, en serio, quela Huelgafue un fracaso, porque fue un rotundo éxito, eso sí, teniendo en cuenta las circunstancias.

Solo cuatro meses después de que los ciudadanos regalaran la mayoría absoluta a Rajoy y su partido, esos mismos ciudadanos se encuentran todavía sumidos en una perplejidad que bloquea cualquier esperanza y cualquier ánimo.

Un bloqueo elevado a su máxima expresión en un momento de total descrédito sindical y orfandad política para la inmensa mayoría de los españoles y de los no españoles.

Un bloqueo casi infinito sometido al acoso y derribo de las plumas fascistas que campan a sus anchas por medios de prestigio y capital que no sólo se permiten sembrar, y regar, el odio, sino que si las cuentas no salen como ellos quieren se permiten el lujo de insultar sin ambages a un Pueblo entero.

La Huelga Generalfue un éxito, un rotundo éxito, y no por los convocantes.La Huelga Generalfue todo un éxito por las carencias de los convocantes, y de los políticos, y de las plumas fascistas, y de la soberanía popular y de la de España, y de la democracia de ahora, y del Gobierno anterior y del Gobierno de ahora, y de la ficticia Europa, y de un triste presente y, sobre todo, de un futuro entre lágrimas.

Cien días después, Rajoy no ha recuperado ni el respeto ni la confianza de los mercados ni de los jefes del exterior, por muchas palmadas que le den, pero ha perdido, tiempo récord, la de la mayoría de los españoles.

Suerte tiene de qué ni el PSOE ni los Sindicatos la hayan recuperado, todavía.

La Historiaha demostrado en múltiples ocasiones que el Pueblo se acerca en tropel a las fuerzas de izquierdas, políticas o sindicales, cuando los problemas llegan a la mesa, por lo que la recuperación de la izquierda puede venir por dos vías: el milagro de la regeneración, cuestión harto dudosa, o la culminación del desastre económico interior que prevén las medidas que se están adoptando.

En cualquier caso, es cuestión de tiempo y, cuando ese tiempo pase, ¿de qué servirá la mayoría absoluta?

 

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