Resistencia y traición, crónica de un asedio económico

20. diciembre 2013 | Por | Categoria: Economía, Magazine, Opinión

En la Antigüedad una de las tácticas militarse más comunes para conquistar una ciudad era someter a su población a hambre y privaciones. Cercarla y cortar sus vías de suministro sólo requería de paciencia por parte del ejército invasor. Quizá Numancia constituya el ejemplo más conocido, según lo narra Apiano en Las Guerras Ibéricas. En muchos de estos casos, a la cruel táctica del invasor se sumaban los gestos heroicos de sus habitantes, empeñados en resistir, así como las muestras de vileza por parte de algunos traidores ávidos de obtener recompensa por quienes habrían de ser sus nuevos amos. Estas imágenes bélicas de resistencia y traición no sólo han calado profundamente en el imaginario socia, sino que se repiten con recurrencia en la actualidad.

Las políticas de ariete implantadas por el Partido Popular constituyen un ejemplo claro de esta clásica narración. Reducir los salarios, empobrecer a la población a base de la merma de sus derechos sociales y acallarlos con  recortes de derechos civiles constituye hoy estrategias del traidor. Sólo un dato. Como reconocía un informe de la Agencia Tributaria de finales de noviembre pasado el salario medio anual se situó en 2012 en 18.601 euros, cifra un 2,62% inferior a la de 2011, cuando el sueldo promedio era de 19.102 euros anuales. Incluso una institución tan apegada a las grandes empresas y entidades de crédito como FEDEA reconocía que “no es prudente afirmar que los salarios no han caído en España”. Añadan ustedes todos los números que ustedes quieran, que los hay, empezando por el crimen de la energía eléctrica.

Cuando Botín se refería hace unas semanas a la “lluvia” de millones que están precipitándose sobre España se estaba refiriendo a la llegada de numerosos fondos buitres y de capital riesgo que entran a apropiarse de los mármoles del Partenón desperdigados entre las ruinas del país. Según cifras de Goldman Sachs, estos grandes fondos internacionales cuentan con cerca 13.000 millones de euros para “invertir”. Claro, a Botín como al resto de banqueros les viene de maravilla. Estas gestoras están limpiando a la banca de su morralla inmobiliaria, a bajo coste es cierto pero para equilibrar sus cuentas ya está De Guindos dándoles cobertura con vergonzosos rescates encubiertos como los 30.000 millones otorgados vía BOE a través de activos fiscales diferidos (DTA, según sus siglas en inglés).

Pero estos fondos buitre están también haciendo su negocio a partir de las empresas participadas propiedad de las antiguas cajas de ahorros (algunas en sectores estratégicos como la energía), empresas del sector sanitario, de medioambiente, etc. Lo llaman “eficacia” del sector privado, cuando en el fondo se trata de la lógica trilera del capitalismo, amparada por un Estado tomado por sus agentes comerciales.

Estos traidores hoy son los mismos de siempre, los que alardean de un “patriotismo” cínico y populachero. No les tiembla la mano al permitir en aras del interés privado que a las familias les expropien la vivienda o les corten la luz en invierno, pero jalean el gol de Iniesta con “la roja” como un hooligan descerebrado más. Son, en definitiva, las castas de toda la vida que se refugian en la trinchera del nacionalismo para representar desde allí una patética ceremonia de guiñoles mientras con la mano libre arramblan con derecho sociales, defraudan al tesoro público, tiran piedras hacia arriba y dicen que va a llover. Los cachorros Aznar-Botella, la estirpe Güemes-Fabra, los Botín & Co., y un no muy largo etcétera, están recomponiendo alianzas con el ejército invasor a cambio de mantener privilegios y seguir explotando a la población, como desde hace siglos, en este país de cabreros y cabrones.

Eurípides decía que no son las murallas, sino sus ciudadanos quienes de verdad defienden la Polis. Hoy día somos una mayoría ruidosa la que nos prestamos a esta resistencia. Pero no parece ser suficiente. Decía Albert Camus que “fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa”, pero también añadió que “de los resistentes es la última palabra”.

Foto: World Economic Forum

 

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