Revolución

25. enero 2013 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

La segunda acepción que figura en el diccionario de la Real Academia para la palabra Revolución dice: “cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación”.

Si he acudido al diccionario ha sido, sin ninguna duda, por el monumental cabreo que padezco y que aumenta casi a diario tan solo con escuchar la radio, ver la televisión o leer la prensa y hasta dar un simple paseo y observar tu alrededor.

Cuesta mucho, mucho, encontrar la palabra que defina la situación de este país, eso que muchas veces llamamos “lo que está pasando”.

Yo lo he conseguido.

Revolución, eso es “lo que está pasando”.

Un ejército de cuello blanco nos ha ocupado, saqueado y vejado.

Violencia. Pura y dura violencia, de esa violencia oculta que se produce sin disparos ni armas blancas ni charcos de sangre; algo así como la que ejecutan las armas químicas.

Bárcenas, Urdangarines, ejecutivos de la CAM, ministros y ministras, opositores y opositoras, líderes y lideresas, pseudoperiodistas fascistoides, Madrid Arenas y un largo etcétera, hacen que las náuseas dominen la vida cotidiana del Pueblo.

Salvo que recurramos al opio en cualquiera de sus fórmulas, desde el deporte rey hasta la taberna pasando, cómo no, por la telebasura, no hay salida: las náuseas constantes son inevitables.

Y si una eximente es la defensa propia, supongo que estamos legitimados para proponer otro tipo de Revolución, otro “cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación”, pero en sentido contrario, en aquél en el quienes reciben los efectos de la violencia sean quienes la han ejercido hasta ahora.

Pero esas Revoluciones no están de moda, al menos en este tercermundista primer mundo, en este mundo en el que tan solo pensar en ellas y ya no digamos proponerlas te convierte en un inadaptado, en un asesino, en un animal asocial, cuando lo único que pretendes es ejercer tu derecho a la defensa propia… y ajena.

Aunque tu obligación social sea la de tragar, tragar y tragar que aquellos que te insultan estén legalmente autorizados para hacerlo, y para robar y para mentir y para defraudar y para pisotear la vida y la dignidad de un Pueblo.

¿Revolución?

Pues claro.

 

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