Rita Barberá y su particular opio para el pueblo (Las Fallas)

4. marzo 2011 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

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Juan Perpiñá.- Decía Carlos Marx que “la religión es el opio del pueblo”. La frase no ha perdido vigencia. Ahí tenemos el fanatismo preponderante del Islam y del mundo cristiano, que con sus predicamentos adormecen las mentes de sus seguidores. 

 

Salvando las distancias, se me ocurre pensar en el populismo que emplea la clase dominante que rige los destinos de la Comunidad valenciana y muy en particular la alcaldesa Rita Barberá, cuya figura egocentrista alcanza el súmmum cuando se acercan las tradicionales fiestas de las Fallas.

 

Este año ha encontrado un filón en la directiva de la Unión Europea de mayo del 2010, aprobada con los votos del PP, en la que se obliga a distanciarse al público a 300 metros en los castillos de fuegos artificiales, para prevenir siniestros producidos por los mismos.

 

La medida gustará o no, pero sin duda impedirá que se produzcan accidentes. Lo que no es de recibo es aprovechar esa coyuntura para echarse a la yugular del Gobierno de Rodríguez Zapatero, acusándole de “falta de sensibilidad respecto a nosotros”, por no rechazar de plano la mencionada medida preventiva. Esta señora no se para en barras a la hora de ganarse con sus consabidas artimañas, adornadas con tintes patrioteros y folklóricos, la bondad de las gentes a las que tiene adormecidas con su particular opio para el pueblo. 

 

Tan nublada tienen su mente que este estado de cosas preocupa –y mucho– a los valencianos que discrepan de Rita Barberá. Una prueba de mentes cerradas es el escrito enviado por una tal Lucrecia al periódico Levante del 1 de Marzo en el cual y a propósito del acuerdo de la UE vierte el siguiente elogio a la Alcaldesa: “Rita muchas gracias, todos los falleros te lo agradecemos, sigue apoyando nuestras Fallas, eres nuestra heroína y gracias otra vez por defender nuestra cultura”.

 

Algunos valencianos exclaman que, ¡ya está bien del Búnker Barraqueta! (cuyo movimiento se engendró en los albores de la transición convirtiéndose en el caldo de cultivo de la derecha extrema, de la cual es heredera doña Rita) y de algunas Comisiones Falleras que suponen millares de personas de excesiva buena fe, a quien la alcaldesa utiliza para que le bailen el agua cuantos más días mejor).

 

Antes de que tomara la vara de mando, los festejos falleros duraban una semana. Desde su llegada, son 19 los días de celebración. Este año comenzó el pregón la noche del 26 de febrero y eso que estamos en crisis…

 

Durante las Fallas el himno regional valenciano del maestro Serrano y letra de Maximiliano Tohus, suena por todos lados, pero imbuidos como están de su folklorismo, muchos no se percatan del significado de las frases apoteósicas de su final cuando dice “Despertemos, valencianos; que nuestra voz la luz salude de un nuevo sol”. La reflexión es clara: cómo van a despertar si los tienen adormecidos con el opio del pueblo que no les deja ver que Valencia es un sinsentido de obras súper faraónicas (con endeudamiento cercano a los 7.000 millones de euros) rebozadas –eso sí– del más ramplón de los folklorismos. Algún día despertarán los valencianos durmientes y se darán cuenta de cómo les han engañado continuando las directrices trazadas por un tal Salvador Cerveró Ferrer (concejal en pleno franquismo y Presidente de la Junta Central Fallera en aquella nefasta época) quien ya predijo lo que vendría años más tarde, aludiendo que Valencia era “dulce y sencilla, elegante y soñadora, que canta y ríe, reza y llora, siempre en corales acentos: que son la expresión de un pueblo que jamás bajó la testa”.

 

Se supone que se refería el edil a que la testa no cedería jamás a otros intereses que no fueran los suyos, los de aquella clase dominante. Ello demuestra que, salvo el paréntesis de 1982 al 1995 en que gobernó la izquierda, el futuro lo tenían atado y bien atado y por eso ahora son incapaces sus fieles de levantar la testa y asestarles una buena cornada demandándoles por su actitud indigna que solo ha servido para adormecer a sus conciudadanos con el opio de un  regionalismo barato ¡Qué pena!

 

Muchos valencianos se sienten avergonzados de la actitud de sus paisanos que no levantan la testuz como debieran hacerlo contra quienes les manipulan con los cánticos folklóricos celestiales como “El chisme fallero”, “Lo ball dels nanos” y “La entra de la murta”, dejándoles en un estado de semi–inconsciencia.

 

Al final podríamos decir que cada uno tiene lo que se merece, pero no es eso… no es eso, que diría Ortega y Gasset.

 

Valencia es otra cosa. Distinta por supuesto a la “Patria chica” que nos venden un día sí y otro también. Valencia es realmente mucho más.  

 

 

Foto: mercedesalonso

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