S.S., un provocador travestido de lagarterana periodística

10. noviembre 2010 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

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Juan Perpiñá.- A lo largo de mis ochenta años he conocido infinidad de provocadores metidos a periodistas e incluso llegar a ser lideres de opinión. Ninguno de ellos ha llegado al desgraciado nivel de un tal S.S. (me guardaré muy mucho en hacer publicidad de su nombre e incluso de los medios de comunicación en que le dan acogida a este destripaterrones ¡faltaría más!).

 

Harto ya de oír y leer sus estupideces, producto –sin duda– de su bajo coeficiente intelectual que demuestra en todo momento, dejo en el baúl de los peores recuerdos el cerrilismo con el que  arremete –desde su podrida masa encefálica– contra todo aquello que no casa con sus ideas. Y lo hago, no sin antes transcribir algunos apuntes del cúmulo de bestialidades que nos ha dejado caer en las últimas semanas. 

 

Fue a raíz del fallecimiento de nuestro irrepetible José Antonio Labordeta cuando el zarpazo de este individuo me hirió profundamente. La verdad es que sus engañosas frases de admiración al hombre que nos dejaba eran una muestra más de su cinismo e hipocresía, al decir a continuación –entre otros exabruptos– que “Labordeta fue un hombre totalmente equivocado. Su puño cerrado y en alto fue siempre un escarnio a los millones de muertos que su ideología ha causado”. Y añadía, hablando de la mochila del cantautor, que “todo este gusto por lo rural no lleva nada bueno” en el colmo de sus aberraciones se permitía aconsejar a la ciudadanía diciendo que “hay que abolir el campo y crear más y más ciudades. Es barata y cobarde la retórica de los pajarillos que cantan por las mañanas”.

 

El provocador S.S., tuvo una contestación de varios miles de personas que le tacharon de todo lo inimaginable ante su desfachatez. Válganos un solo ejemplo extraído de esas contundentes respuestas: “Es un atentado a la dignidad personal de Labordeta y me siento violentamente agredido personalmente y como ciudadano de Aragón”.

 

De cualquier manera, siempre podremos decir de este elemento pernicioso, que no ofende quien quiere, sino quien puede, y está claro que aun siendo sus provocaciones tan tremendas, al final este “vividor” de las mismas caerá en su propia trampa y pasará afortunadamente al olvido más absoluto.

 

La lengua viperina de un individuo de esta calaña, que bajo la cobertura de la libertad de expresión, pasa por los medios de comunicación como Atila arrasando todo cuanto se le pone por delante ha sido para mí la gota que desbordó el vaso de mi aversión a este personajillo de tres al cuarto, el cual en su fatídico artículo de opinión en un periódico de tirada nacional que bajo el titulo “Un hombre equivocado” (otro más, según su opinión) hace referencia a Marcelino Camacho cuando aún no se le había enterrado.

 

Entresaco también en este caso algunas “perlas” de su malévolo escrito, cuando sin rubor alguno dijo “Marcelino fue además de sindicalista (casposo, según su versión del sindicalismo), comunista y presumió siempre de ello en lugar de disculparse por la apología de la ideología más mortífera de todos los tiempos” (puro calco de lo expresado referente a Labordeta).

 

Con la mayor desvergüenza dice del recién fallecido “con todo el respeto hacia la persona de Marcelino Camacho y al natural sentimiento de pérdida de sus familiares y amigos, no ha muerto ningún héroe, sino una persona totalmente equivocada. Ojalá que Marcelino Camacho se llevara con él la humillación y la amenaza que el comunismo supone para cualquier país libre. Y ojalá que vuestra siniestra telaraña no regrese nunca”.

 

No quiero cerrar este triste comentario, que hoy hago sobre este inculto provocador nato, sin lamentar, una vez más, que esta clase de basura seudo periodística pueda ser bien acogida en medios de gran prestigio, aunque en algunos –de menor importancia– les va como anillo al dedo.

 

En fin, eso es lo que hay. Si lo quieres lo tomas y sino lo dejas. Y eso es lo que yo hago, dejar por aborrecimiento a este plumilla que viene ahora a pontificar sobre todo y sobre todos, asignándonos el menosprecio de que éste está equivocado y el otro también y el siguiente más aún. Él es el único que está en el recto camino de la verdad y la gloria ¡Qué barbaridad!

 

 

Foto: estiércol de caballo (autora: Malene Thyssen)

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