Star Wars VII: la fuerza de un déjà vu

19. diciembre 2015 | Por | Categoria: Cultura y Ocio, Magazine, Ocio y espectáculos

POR JAVIER GRIMAL

No cabe duda de que la séptima entrega de la saga Star Wars arrastrará a los cines de todo el mundo a una legión de seguidores, deseosos de conocer cuál es la continuación de la historia. Muchos de ellos, los de la nueva generación que se incorpora a estas aventuras galácticas (que quizá son también los más relacionados con las historietas de videoconsola), encontrarán en Star Wars VII: el despertar de la fuerza todo lo que buscan: efectos especiales generados por ordenador, rayos láser, batallas espaciales y campos de fuerza a tutiplén.

Cosa distinta es quienes acudan a los cines para contemplar el siguiente episodio de una historia que se empezó a conocer hace 38 años. Tras el épico triunfo de la República sobre el Imperio al final de la parte VI (“El retorno del Jedi”), la séptima entrega nos sitúa, sin más explicaciones, en una galaxia donde los malos imperiales vuelven a ser todopoderosos, y en la que la República lucha contra ellos como puede.

Esa pérdida de conexión con la parte VI es el pecado original de la continuación que ahora nos presenta J.J. Abrams. Frente a la armonía argumental que atesoraban los tres primeros capítulos (que, al margen de subtramas familiares, nos cuentan de manera impecable cómo se cuece una conspiración dictatorial contra la democracia), Star Wars VII: el despertar de la fuerza es sólo una nueva carrocería montada sobre el chasis narrativo de las entregas IV (“Una nueva esperanza”) y VI (“El retorno del Jedi”).

Nadie explica cómo se ha pasado de la victoria de la Alianza Rebelde con la que termina El retorno del Jedi al punto en el que comienza El despertar de la fuerza, ni de dónde han salido los malos, ni qué fuerzas que posee cada bando, ni si estamos contemplando una guerra civil o una guerra de guerrillas, ni quién es esa chica (como diría Madonna)…

Así, con un argumento flácido donde los personajes carecen de profundidad, la trama cede espacio a la espectacularidad de los efectos especiales. En definitiva, un monumental déjà vu que no guarda ningún secreto para quienes hayan visto las entregas IV y VI.

En cuanto a las interpretaciones, sólo cabe destacar la de Harrison Ford en el papel de Han Solo (cuya aparición en pantalla es agradecida con aplausos por el público que abarrota la sala), y la de la británica Daisy Ridley, en el papel de Rey, la nueva chica buena.

Si el propósito de Disney y de J.J. Abrams es –como parece– hacer dinero, han dado en el clavo. Si por el contrario han tratado de aportar al gran público una continuación cinematográficamente digna para una saga mítica, desde luego, han fracasado de manera estrepitosa.

 

 

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