Transparencia bancaria: el coto privado de los señoritos

1. junio 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

por Bartleby, el escribiente

El naufragio de nuestro sistema financiero, del que Bankia es el mascarón de proa más escandaloso, que está arrastrando consigo toda credibilidad en la democracia representativa. La decisión del Partido Popular de que la comparecencia del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, para explicar el atraco a mano armada de Bankia se haga a puerta cerrada constituye un ejemplo más de ese caciquismo oligarca. Para mayor bochorno, esta comparecencia se enmarca en una llamada “subcomisión” de seguimiento del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), cuyas reuniones se celebran también a cal y canto en el Congreso. Otra burocratada más de esta democracia de escaparate y antidisturbios.

Al parecer que se inyecten 23.465 millones de euros de dinero público a una entidad privada mangoneada por políticos, en un país con un 24% de paro y con cifras de embargo de vivienda escandalosos, no parece ser motivo de interés público. Como tampoco parece importar el hecho de que el “gobernador” del Banco de España arremetiera contra los Derechos de los Trabajadores mientras dejaba hacer a aquellos que especulaban con solares inmundos a mil veces su valor real. Este es el país que tenemos. Nada sorprende si un personaje como Goirigolzarri hace de portavoz del gobierno y, con toda su chulería, hace suyo por derecho divino el “capital social” que vamos a inyectar entre todos a un cadáver como Bankia, del que solo cabe esperar afeites y despieces antes de venderlo a precio de saldo.

El sistema financiero (por donde fluye el sufrido fruto de nuestro trabajo) se ha convertido en un coto de caza privado. Sus más leales guardianes son quienes dicen representar a la voluntad popular. Una siniestra paradoja. El hecho de que el partido gobernante niegue luz y taquígrafos al regulador del sistema bancario tiene su “razón de estado”. En el caso Bankia, el Banco de España tiene mucho que ocultar. Aunque no menos que el propio gobierno del PP. Entre ambos ha habido un siniestro pacto de silencio, un pacto de señoritos. El PP hubiera hecho, como mínimo, lo mismo que el PSOE hizo en su día con la entidad que presidía Rato. Que para eso eran cajas a sus órdenes ¿O es que cabe imaginar que un gobierno de Rajoy en 2010 hubiera tenido la osadía de llamar a las cosas por su nombre: Caja Madrid y las “seis enanitas” estaban para el derribo? Al margen de este pacto de acero y silencio lo que interesa poner de manifiesto es que la propia institución del Banco de España es una institución opaca y siniestra.

El Banco de España, como cada vez más instituciones “públicas”, es un organismo “autónomo” (ley 13/1994). Esto significa que “ni el Gobierno, ni ningún otro órgano nacional o comunitario podrán dar instrucciones al Banco de España, ni éste podrá recabarlas o aceptarlas” (artículo 7). Es, por tanto, ajeno e impermeable a cualquier decisión que provenga de instituciones elegidas de forma democrática. Salvo que el gobernador se designe por el oligarca de turno. Entonces la obediencia está garantizada.

Estas administraciones “independientes” como el Banco de España, se presentan como mecanismos de “corrección” de las “deficiencias” de la democracia. Su origen ideológico es muy preciso. En 1977, dos economistas, Kydland y Prescott “demostraron” en un trabajo que los intentos de los gobiernos por satisfacer los deseos del electorado pueden tener consecuencias económicas “indeseables”. La inflación, decían, tiene un claro origen político. Aislando el poder de quienes controlan las decisiones inflacionistas (Bancos Centrales) podemos evitar estos males, afirmaban.

Pero hete aquí que esta política monetarista y de “autonomía” para ser aplicada a su antojo, ha fracasado completamente. Podemos recordar a los linces del Banco Central Europeo en 2008, en pleno descalabro tras la caída de Lehman Brothers, subiendo como tozudos prusianos los tipos de interés. Éste dogma y las instituciones que lo aplican no han sido capaces de evitar la mayor crisis económica de la historia, ni las reiteradas crisis desde 1980, todas basadas en la especulación y el empobrecimiento de las clases trabajadoras. La burbuja española y la crisis europea de deuda soberana son los ejemplos recientes más evidentes. Pura demagogia.

Esta fábula del tecnócrata bueno, del “gobierno de los sabios”, no tiene ningún fundamento. El geocentrismo financiero y sus instituciones son los  mecanismos a través de los cuales las élites de nuestro país soslayan la democracia hasta reducirla a su mínima expresión y en defensa de los intereses que representan. He ahí el origen de la degeneración. El Banco de España no es que haya sido mal supervisor del sistema financiero, es que hace lo que dice e interesa a la banca. Esa es su razón de ser, su verdadera naturaleza ¿a qué viene ahora sorprenderse por ello? Ya vendrán políticos que tapen con la omertá.

Este triunfo de la tecnocracia sobre la política amputa al pueblo el Derecho a exigir responsabilidades, clave de bóveda de un verdadero sistema democrático.

Esto es muy grave ya que supone entronizar a las élites y hacer depender de ellas la soberanía popular. Es la vuelta a un despotismo ilustrado que pretende preservar privilegios y deja al pueblo como un párvulo sumiso y asustadizo. Si al pueblo, el 99% de la ciudadanía, se le sustrae de cualquier mínima capacidad de intervenir políticamente en todos los ámbitos que le incumben, nunca desarrollará la necesaria capacidad para asumir las consecuencias de sus actos como colectividad.  Ni buenos ni malos. Siempre serán los actos de otros, ajenos completamente a sus intereses generales, los que se le imponen y exigen que soporte. Sin válvulas de participación adecuadas justas y eficaces, el Derecho a la protesta social es el único Derecho fundamental que nos queda.

Como decía el sociólogo norteamericano C. Wright Mills, “en una sociedad en que gran parte del poder y del prestigio se basan en mentiras, el interés auténtico por la verdad se convierte en una de las pocas posesiones de los desposeídos.”

Foto: M.A. Fernández Ordóñez (fuente: archivo cronicadearagon.es)

 

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