Turquía, el autoritarismo de la democracia neoliberal

7. junio 2013 | Por | Categoria: Economía, Magazine

La brutalidad policíaca desplegada estos días por el Estado turco ha hecho visible lo que negro sobre blanco revelaba un informe de la Comisión Europea sobre su proceso de integración en la Unión Europea. En este documento, “Conclusiones sobre Turquía”, publicado en octubre de 2012, se ponía seriamente en duda el respeto hacia los derechos fundamentales en Turquía. La razón esgrimida es la estricta aplicación a todos los ámbitos sociales del marco jurídico establecido contra el terrorismo y el crimen organizado, que lleva a violar los derechos a la libertad, a la seguridad, a un juicio justo, así como a las libertades de expresión, reunión y asociación. Periodistas, disidentes, sindicalistas y activistas de todo tipo sufren en carnes estas terribles afirmaciones. Ahora asistimos a su aplicación indiscriminada con la complicidad de los grandes medios de comunicación.

Desde su llegada al poder en 2002, Erdogan y su partido (Justicia y Desarrollo AKP) han aplicado su particular “hoja de ruta” para Turquía. La sociedad turca ha asistido a la paulatina sustitución del decadente régimen militarista, imperante desde 1923, por una especie de “democracia cristiana” en versión islámica, corruptelas incluidas. Un cambio avalado por los resultados electorales en el que el autoritarismo, sin embargo, ha permanecido inalterable por varias “razones”. Además de los conflictos étnico–políticos (kurdos, armenios…) hay toda una generación de jóvenes, sobre todo en las grandes urbes, que se niegan aceptar la rancia moralina que tercamente trata de inocular el gobierno de Erdogan a ámbitos cada vez más íntimos de la sociedad. Esta ha sido la causa inmediata de los disturbios. Pero un nuevo poder no puede sostenerse exclusivamente por la fuerza, como tampoco las imposiciones de “política moral” constituyen las únicas razones para la protesta.

En aplicación de su programa, Erdogan ha encumbrado una nueva élite que sustituye a las anteriores jerarquías militares y sirve estructuralmente de apoyo al régimen. Las elecciones son una mera operación de chapa y pintura. Esta casta emergente está haciendo dinero fácil merced a las privatizaciones (que aplaude el informe de la Comisión) y a los faraónicos proyectos urbanísticos impulsados por el gobierno, como el que prendió la mecha en Estambul, cuya opacidad en sus adjudicaciones anima el fantasma corrosivo de la corrupción. El informe de la Comisión Europea también se refiere a esta grave cuestión.

Esta nueva clase explotadora se está aprovechando de la abundante mano de obra barata de un país en el que más de la mitad de la población tiene menos de 30 años. No es difícil que la economía turca creciera a un promedio superior al 5% en los últimos años. Es esto lo que ha permitido la entrada de las multinacionales ávidas por apurar márgenes comerciales a base de mano de obra tirada de precio, e incluso, de poderosos fondos especuladores, como el Goldman Sachs N-11, que apuntan a Turquía como destino para sus inversiones.

Sin embargo, el reparto de la riqueza no ha seguido la misma proporción para los trabajadores. Según el “Informe mundial sobre salarios 2010/2011” de la Organización Internacional del Trabajo, la tasa de crecimiento anual real de los salarios mínimos en Turquía no ha superado el 2,2% (2009) siendo incluso negativo en 2006 (–0,9%) y 2008 (–1.1%) ()  Se entiende que las grandes consultoras y bancos de inversión alaben la “estabilidad” que ha logrado Erdogan en Turquía. La receta es simple: combinar a partes iguales altas dosis de neoliberalismo con los expeditivos métodos chinos. El uno no se entienden sin los otros.

Esta complacencia también la puso de manifiesto el presidente del Consejo Europeo, el “reptilíneo” Van Rompuy, al declarar que el Gobierno turco era “perfectamente capaz de abordar los problemas internos”, ignorando cínicamente la brutalidad policial y contradiciendo incluso los informes de la Comisión Europea. Sus declaraciones no están alejadas de las que manifiestan de lo que en el fondo piensan muchos responsables políticos en Europa y los especuladores globales.

Si los turcos tienen a Erdogan, nosotros tenemos a la Troika y a sus perros de presa bien instalados en La Moncloa. Es notable la sintonía que existe entre Erdogan y el Gobierno de España sobre sus respectivas movilizaciones ciudadanas. Para ambos “las urnas lo justifican todo” y “entre los manifestantes hay terroristas”. Esto se traduce en métodos de represión que, en nuestro país, hacía décadas que no soportábamos, escenificando una separación grave entre gobernantes y gobernados. En el fondo, esta íntima sintonía tiene su raíz en un patrón económico común que es el que pretende imponerse en España. No en vano, es la Comisión Europea la que bendice estas políticas. No estamos tan lejos de nuestros vecinos al otro extremo del Mediterráneo.

Foto: Recep Tayyip Erdogan (autor: Πρωθυπουργός της Ελλάδας)

 

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