¿Un desgraciado multado o una desgracia de multa? Sobre Zaragoza y sus santas multas

23. mayo 2013 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

POR JOSÉ ANTONIO MÉRIDA DONOSO  Muy señores míos, ¡qué bonita es la vida! Déjenme compartir con ustedes los motivos de mi santa alegría.

El miércoles 15 de mayo cuando fui a coger el coche me encontré con la desagradable sorpresa de que en el lugar donde había aparcado mi vehículo yacía un fragrante espacio vacío. Tras llamar a la policía para denunciar el robo de mi coche (bendita inocencia… quién va a querer un coche tan antiguo como el mío), me encuentro con la incómoda sorpresa de que no ha sido un ladrón, sino toda una Sra. Policía, la que en cumplimiento de su servicio, se ha visto obligado a arrastrar mi vehículo.

¿Pero cómo puede ser –pregunto yo atónito– si estaba bien aparcado? Respuesta: el domingo hubo un Sr. maratón (¡Ay si soy tontorrón!) y tuvieron que quitar mi coche del paseo de la Ribera (entre el puente de Hierro y la calle Cosuenda) sin previo aviso, para el bien de toda la ciudadanía. Consecuencias: una señora multa de 36 euros (al parecer la más baja en Zaragoza) más 180 desplazamiento de grúa y 50 eurillos de nada por día de permanencia… total unos señores 260 euros contantes y sonantes.

Escribir sin un ápice de cinismo es una tarea imposible, de ser así la breve historia a narrar alcanzaría tintes de tragicomedia y el que escribe no pretende exorcizar demonios, sino más bien compartirlos. Cómo puede ser, pregunto, ¿acaso todo ciudadano tiene que saber cuál va a ser el recorrido del maratón? (ay tontorrón) ¡Claro que sí! Si el jueves no se ha puesto ningún anuncio no pasa nada, ya lo pondremos el viernes. Cierto es que habiendo gente que solo coge el coche cuando realmente lo necesita (en mi caso cuando por trabajo tengo que salir de Zaragoza) es normal que no pase por dicho sitio hasta que vuelva a necesitarlo. Craso error: como buen ciudadano uno tiene que ser consciente que la calle, esa por la que transitamos, no es del ciudadano, sino del Ayuntamiento, por lo que en su arbitrario pero magnánimo juicio, puede disponer de rutas a placer y anunciarlo cuando quiera.

De la misma manera, se entiende, está en su libre albedrío mover el coche en una calle paralela o poner una sanción de nada, cerca de 300 euros, que a día de hoy, oiga usted si tiene dinero no es nada grave y si no tiene, pues coma ajo, que parece ser tiene grandes propiedades medicinales. Si el jueves 9 no hay señalizaciones no es problema del ayuntamiento, la calle no es un garaje. Del mismo modo, si usted no tiene dinero para costearse uno es su santo problema. Desde luego el Sr. Belloch ya tiene demasiados con ser el alcalde que más cobra de España y tener que justificar el socialismo de un tal Pablo Iglesias. ¡Ufff, divaga, usted divaga, relájese y tómese una tila, o mejor dicho, una Sra. tila! Si usted no está en su mejor momento económico no lo pague con el Sr. policía que le puso la Sra. multa… ¡Ay, ese Sr. policía! Me imagino el viernes –en meras suposiciones claro está– a ese policía alarmado (no, no es el comienzo de un chiste de Chiquito) tras poner la señalización que indica que tiene que despejarse la vía, pasa a actuar con decisión y prestancia, ¡Dios me lo tenga en la gloria!, llamando a la grúa, para que ésta, rápidamente y siguiendo con el santoral correspondiente, deposite mi “santo coche” en su “loada capilla”, bajo la módica limosna de 50 euros diarios (sí, sé que lo he repetido, pero merece la pena insistir en tal dato).

Llega el miércoles 15 de mayo, día en que servidor tiene que volver a coger su coche para trabajar y me encuentro con la desagradable de que en su lugar hay un espacio vacío, un infinito entre dos coches, una recta imaginaria, un lugar para el desconsuelo y la frustración… un hueco de un coche como el mío, tuberculoso y grisáceo. Todo un hueco de un santo vehículo que, por otro lado, por ese momento ya debía haber apostatado y hacerse ateo, renunciando a la santa religión municipal.  Su error y por ende, el de su dueño…. sin duda alguna demasiados, a saber:

1º) pensar que la calle es de todos (a tenor de las “prohibiciones que circulan” está claro que es un gran error)

2º) que el depósito de coches podría encargarse de avisar a los propietarios de los vehículos que han sido “requisados” (gran ignorancia la mía, con lo ocupados que están)

3º) que oiga usted, si mañana pasa un coche por su garaje indicará que está mal aparcado. Conclusión: ¡qué bonita es la vida!

Epílogo: Cierto es que en nuestras leyes el desconocimiento no exime la culpa, pero ya puestos, la próxima vez anuncien con antelación cuando va a ser la maratón. Por favor, señalicen sino con mayor prestancia, sí con mayor “arresto”, en que calles no se va a poder aparcar.

Sí, el deporte está muy bien, pero mejor estaría si fuera de la mano del sentido común, ése que muchos dicen ser el menos común de los sentidos… si así fuera otro gallo cantaría en la Zaragoza de “señoritos” y multados.

 

Firma: José Antonio Mérida Donoso, un desgraciado multado, todavía en terapia de recuperación

 

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2 Comments to “¿Un desgraciado multado o una desgracia de multa? Sobre Zaragoza y sus santas multas”

  1. Gonzalo Zaragoza dice:

    El desconocimiento no exime la culpa, pero la ley y la disposicion municipal tiene que hacerse publica de forma legal. No basta una nota callejera indicando “mañana pasará la Maraton”. Uno no tiene la obligacion (ni la posibilidad) de pasar todos los dias por el lugar de aparcamiento, POR SI AL AYUNTAMIENTO se le ocurre algo…
    Señor alcalde de Zaragoza: ¿Cuesta tanto condonar la multa de estos infractores inadvertidos? ¿Se queda usted bien ancho con estas medidas arbitrarias y dictatoriales?
    Gonzalo Zaragoza

  2. Antonio dice:

    Es profundamente injusto lo que está ocurriendo. A mí me pasó algo parecido hace poco. Y lo peor es que al final acabas pagando…