Una ley de “segunda oportunidad” con trampa para los deudores

13. marzo 2015 | Por | Categoria: Economía, Magazine

POR BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

El último día de febrero se publicó en el BOE la conocida como “ley de segunda oportunidad”, cuyo objetivo es desarrollar el procedimiento concursal específico para personas físicas existente hasta ahora en nuestro país y “perdonar”, con muchas restricciones, parte de sus deudas.

El fondo ideológico de la normativa es doble. La nueva subjetividad que impone el modelo económico neoliberal, basada en una “empresarialización” de la vida cotidiana por la que una persona está abocada a sufrir los mismos avatares que una empresa. Y por otro, el papel cada vez más residual del Estado como redistribuidor de renta que ha sido sustituido por el del crédito redentor. A quienes tengan la desgracia de “invertir” mal su vida hay que ofrecerles “una segunda oportunidad”. Menos es nada pensarán algunos.

Al margen de tales consideraciones, merece la pena conocer un poco en detalle este real decreto ley y comprobar si efectivamente posee la dimensión social del que Rajoy alardeó en el último debate sobre el estado de la nación. No quiero hacer espoiler pero leer en la misma frase “Rajoy” y “social” ya les habrá anticipado la conclusión del artículo a este respecto.

El mecanismo de segunda oportunidad no es nuevo en los ordenamientos jurídicos de diversos países. Por citar algunos ejemplos, existe en Francia, en Alemania y en EEUU. Su regulación presupone que el mercado ha de asumir parte del riesgo, ya que no es justo que se fomente el recurso al crédito sin responsabilizarse de las consecuencias sociales que ello genera; por tanto el ciudadano debe de ser ayudado cuando la situación se generó de manera fortuita por circunstancias que no podía prever o controlar. Por ejemplo, quedarse en paro y no poder pagar el préstamo hipotecario de su vivienda.

España sin embargo, el gran feudo del lobby bancario, ha demorado la aprobación de una norma semejante que, por primera vez se presentó como proposición de ley por el grupo parlamentario socialista en 2003 en los albores de la burbuja inmobiliaria. El propio PSOE la planteó posteriormente en su programa electoral de 2004. Claro que una vez en el poder el entonces ministro Solbes prefirió ignorarla y aprobar en su lugar una reforma del mercado hipotecario en diciembre de 2007 que daba más combustible al ninot inmobiliario que ya por entonces empezaba a oler a chamusquina.

Ahora ve la luz un texto que llega con retraso, tras más de medio millón de familias desahuciadas y con un “banco malo” que hace de “tragachicos” del ladrillo bancario con dinero público. De la necesidad de una norma semejante en nuestro ordenamiento hasta el propio FMI lo advertía en su informe sobre España el pasado mes de julio.

Como hemos adelantado, la “segunda oportunidad” tiene por objeto que una persona, a pesar de un fracaso económico empresarial o personal, pueda tener la posibilidad de rehacer económicamente su vida sin tener que arrastrar eternamente el pecado de una deuda que nunca podrá llegar a satisfacer. Digamos que se le “perdonan” las deudas una vez que se le ha extraído hasta la última gota de su patrimonio y sus recursos (con ciertos límites, claro). A modo de ejemplo: una vez ejecutada la vivienda, la parte del crédito que no pueda pagar con lo obtenido por la venta del inmueble quedaría exonerada. Recordemos que en el Código Civil, las deudas no satisfechas se siguen reclamando, y es precisamente este cortafuegos jurídico el que la banca quiere seguir manteniendo como privilegio y que en esta ocasión también lo ha logrado en cierta forma.

Con el real decreto recién aprobado cualquier acreedor (generalmente un banco) podrá solicitar de nuevo al juez que revoque el beneficio de la exoneración concedida de las deudas no pagadas si durante los cinco años siguientes al perdón mejorase sustancialmente la situación económica del deudor. Es decir: “ego te absolvo las deudas que ya no puedes pagar porque te he exprimido hasta lo tolerable, pero como en 5 años te pongas a currar o abras un negocio y tengas una mínima capacidad de ahorro ya me estás pagando todo, incluso lo perdonado”. Por supuesto, la norma es más amplia y tiene otras medidas perniciosas, entre ellas la posibilidad de que pese a la exoneración, el acreedor pueda dirigirse frente a los avalistas del deudor para reclamarles todo.

Pero sin duda el hueso duro es este largo plazo transitorio de “perdón” condicionado que además contribuye a estimular la economía sumergida ya que aboca al deudor a vivir del “estraperlo” al menos durante 5 años para evitar perder la gracia del perdón. El caso es, como decía Martínez Pujalte cínicamente “que en España no se pierda la cultura del pago de la deuda”. No sé si esa misma “cultura” la aplican a casos como Bankia…

Esperemos que en su tramitación parlamentaria como proyecto de ley, y con unas elecciones por delante, se introduzca las mejoras necesarias. Quizá mucha fe dar una “segunda oportunidad” a determinada clase política.

Foto: archivo cronicadearagon.es

 

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