Una puñalada, puñalada es

30. junio 2017 | Por | Categoria: El ojo atípico, Magazine, Opinión

POR MANUEL SOGAS

Cierra CRÓNICA DE ARAGÓN por falta de recursos económicos, que no por falta de lectores.

Si por falta de rentabilidad económica propia tuvieran que cerrar los periódicos, mañana nos encontraríamos sin ninguno, incluidos los “grandotes”.

¿Cómo sobreviven, pues, los periódicos, incluidos los “grandotes”? Lisa y llanamente por las cuantiosas cantidades de dinero público que reciben a través de diversas formulas jurídicas.

Y no deja de ser paradójico que estos periódicos “grandotes”, con las ingentes cantidades de dinero público que reciben, sean los primeros y agentes principales de mantener a la opinión pública desinformada, para moldear la “realidad” según sean los intereses de sus propietarios, y no los de la sociedad en general, que a fin de cuentas, es la que los mantiene y financia.

CRÓNICA DE ARAGÓN ha quedado fuera del reparto de la propaganda oficial de las instituciones públicas aragonesas, lo que ha constituido una auténtica puñalada, que si se mide con exactitud, viene a ser una puñalada larga en el tiempo.

Los amigos no apuñalan, luego la puñalada no puede proceder de campo amigo, sino de alguien o de algunos que, falsariamente, se han introducido como tales en ese campo.

CRÓNICA DE ARAGÓN como tal, y todos cuantos hemos colaborado en su ilusionante proyecto de un periodismo independiente y veraz aragonés desde hace ocho años, siempre fue crítico, en aras de esa independencia y veracidad. Incluso fue crítico con el amigo, al que hay que hablar más claro que a nadie. Lo único que pretendió fue informar a la opinión pública aragonesa, para que cada cual decidiera por sí mismo lo que mejor creyera. Y modestamente, esto es lo que hoy muere con el cierre de CRÓNICA DE ARAGÓN.

Parafraseando la irónica frase que corría en tiempos de Franco: “cuando un monte se quema, algo suyo se quema, señor Conde”, hoy podríamos decir que cuando un diario independiente como CRÓNICA DE ARAGÓN cierra, algo pierde usted, querido lector.

 

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