Volkswagen y el negocio del descontrol

25. septiembre 2015 | Por | Categoria: Economía, Magazine

POR BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

El terremoto provocado por el fraude en el control de emisión de gases en once millones de automóviles de la compañía Volkswagen (VW) pone en tela de juicio varios aspectos del diseño normativo e institucional sobre protección al medioambiente.

Este engaño mundial, en realidad un gran negocio para VW, ha tenido que ser descubierto por la EPA, la Agencia de Protección del Medioambiente estadounidense, lo que plantea un inquietante interrogante sobre el papel de los mecanismos de control europeos y toda la panoplia de normas de calidad de la que se rodean las empresas.

Además de las exigencias legales mínimas, la “protección ambiental” se impulsa a nivel europeo a través del Reglamento 1221/2009 que crea un sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales (EMAS) cuyos antecedentes se remontan a principios de los años 90, y al que se adhirió VW y paulatinamente sus diversas plantas de producción.

El objetivo del EMAS es “animar a las empresas” a mejorar su comportamiento medioambiental en el desarrollo de sus actividades. Para ser admitidas en este peculiar sistema de control, las empresas deben llevar una serie de medidas de análisis, evaluación y gestión de su política ambiental. Unos análisis que realizan ellas mismas a expensas de una auditoría externa posterior que realiza EMAS. La empresa que complete con éxito estas fases puede utilizar el logotipo EMAS en sus productos como indicativo de su compromiso medioambiental, es decir para mejorar su imagen pública.

Las razones por las que normas tan laxas dejan prácticamente todo en manos de las propias empresas y entidades privadas son varias. El propio considerando 13 del Reglamento mencionado reconoce que el objetivo es “permitir a los Estados miembros reducir la carga administrativa de las organizaciones registradas por medio de la desregulación o la flexibilidad reglamentaria”. Pero sobre todo, es la influencia política que ejercen las grandes multinacionales en las instituciones legislativas europeas a través de sus lobbys: hacer normas a su medida.

El caso VW lanza una alargada sombra de sospecha sobre los requisitos legales mínimos y sobre los mecanismos de evaluación del impacto ambiental y sostenibilidad. Son “instituciones de control” privadas las que otorgan certificaciones de calidad a los procesos de fabricación y a los productos resultantes. Así, las normas ISO garantizan por medio de un certificado que un producto o servicio es conforme a especificaciones técnicas determinadas.

En particular ISO 14000, que según su informe ambiental VW cumplía, pone el acento en la adecuación de los procesos industriales a las pautas para mejorar la relación entre la empresa y el medio ambiente. Es una forma de evitar a la empresa las incidencias negativas provocadas por la exigencia de responsabilidades legales, tranquilizar a los accionistas y vender mejor sus productos en el mercado. En definitiva, los mínimos legales de control deben ser revisados a la luz del escándalo de VW, pero también estos procesos que suponen una gran negocio montado en torno al “control”.

Tampoco podemos olvidar la parafernalia publicitaria de las multinacionales sobre sus políticas de sostenibilidad o de respeto a los derechos de los consumidores, a través de la denominada “responsabilidad” empresarial, una gigantesca operación de márketing social que trata de presentar a las empresas como “limpias de polvo y paja” ante la opinión pública. En el caso de Volkswagen es irónico que patrocine una “cátedra de calidad” en la Universidad de Navarra, una manera de influir y movilizar recursos a favor de sus intereses en los ámbitos docentes y científicos.

Esperemos que el asunto VW, entre otras cosas, sirva para remover la trampa y el cartón que rodea a las multinacionales y sus pretendidos compromisos sociales, éticos y medioambientales.

Foto: El monty

 

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