Y hasta el Rey de Castilla se olvida de Aragón

16. diciembre 2011 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

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No voy a realizar un estudio histórico porque, fundamentalmente, no estoy suficientemente preparado.

 

Sin embargo, sí que lo estoy para cabrearme un huevo con determinadas cosas que pasan con esta tierra milenaria que se llama Aragón.

 

En otras ocasiones, he publicado mi capacidad para ser español, sin problema alguno, aún con mi sentir aragonesista y mis sentimientos indudablemente aragoneses por encima de cualquier otro calificativo territorial, pero cuando surgen algunas situaciones como las que hoy motivan mi artículo, me afirmo más y con más contundencia en esa parte de mí que es nacionalista aragonesa, sin dudas sentimentales, ni históricas y, lo que es peor, ni actuales.

 

Arturo Pérez Reverte, hace ya un tiempo, publicó un artículo en el que él, sin vinculación aragonesa ninguna, se indignaba por el tratamiento que Aragón, desde el punto de vista histórico, recibe.

 

Desde ese mismo punto de vista histórico, nadie puede poner en duda que el ejército castellano invadió Aragón saltándose los Fueros de esta Corona, por otra parte, origen necesario de lo que ahora conocemos como España y que, entonces y durante muchísimo tiempo, se conoció como Las Españas no por gusto lingüístico, sino por su formación territorial.

 

España, como toda la geografía, es un producto humano, unas rayas en un mapa, unas lindes en la tierra de todos puesta por quienes en cada momento deciden porque el resto se lo permitimos, y en la mayor parte de la Historia lo han hecho a sangre y fuego o por conveniencias nobiliarias, sin dudar y sin pensar un ápice en los ciudadanos… en los humanos.

 

Así, Aragón fue Aragón y se formó como Aragón, nada que sea mucho mejor que el resto de formaciones, pero Aragón era Aragón.

 

Y Aragón supuso un modelo, un antes y un después en el concepto político, territorial y del Derecho, un territorio que naciendo bajo el yugo de las conveniencias nobiliarias o cualquier otro, desarrolló conceptos desconocidos como el Derecho Civil o algo parecido a la federalización, que en el fondo lo era.

 

No justifico, en absoluto, formas violentas o de ocupación que pudieran darse, aunque fueran pacíficas, pero sí reivindico que Aragón supo ser diferente en aquéllos tiempos en los que se convirtió en aquél Aragón, casi imperial.

 

Hasta aquí mi oda a Aragón, al antiguo Aragón, regio y magnánimo, que no reconozco yo sino la Historia, un Aragón que ha evolucionado, como todo, pero que no ha sido capaz de conservar su dignidad, la dignidad de un país, que lo fue, la dignidad de un pueblo que ha olvidado que es el resultado de otro pueblo histórico, de un pueblo ancestral capaz de convertir un pequeño país en un modelo político y de Derecho, algo comparable, salvando las distancias y con todo el respeto, al pueblo griego y su aportación con la Democracia.

 

Y después de ser lo que era, Aragón fue invadido en diciembre de 1591, sí, invadido, por las tropas castellanas de entonces, numerosas y poderosas y enviadas a pasarse por el forro los Fueros del Reino de Aragón que, como creo que todo el mundo sabe, fue parte de Las Españas, y motivo de que las barras doradas y rojas formen parte de su escudo aunque, desgraciados los tiempos, la inmensa mayoría de la gente las identifique con la senyera catalana.

 

Y hablando de la Catalunya, que nunca fue ni reino ni país, ya me toca demasiado los bemoles que extienda esa cosa ficticia, o mejor dicho y con contundencia, falsa, de la Corona Catalanoaragonesa, porque no sólo no existió, sino que es una burda mentira, algo así como el que la tiene pequeña y agranda su tamaño, desgraciado él, con mentiras absurdas.

 

Hasta por Castellón ha surgido una calle, o similar, que la han llamado así, y es deplorable, entre otras cosas porque los castellonenses deberían, como todo el mundo, conocer su historia y respetarla, sin más, y a partir de ahí disfrutar de su presente y sembrar su futuro, cosa que nunca podrán hacer si son tan gilipollas como para mentirse a sí mismos.

 

Y ahora viene el Rey de España, que fueron, insisto, Las Españas (incluyendo Granada), a saltarse por el forro a nuestra Chunta Aragonesista, que no es que sea un partido político, sino que es parte y representación de Aragón y, ahí sí me mojo, la única parte capaz, hoy en día, de representar a Aragón.

 

Que sí, que ya sé que el Rey no organiza su agenda y todo eso, pero no me jodas, si el demostrado inútil que lo ha hecho sigue en su puesto, más después de que el propio y flamante nuevo presidente del Congreso avisara del tinglao, la cosa ya no tiene excusa posible, el de la agenda tiene que buscarse curro inmediatamente o el Rey está reivindicando su carácter de castellano, refiriéndome a la Castilla medieval y ocupadora y, por tanto, con el máximo respeto y cariño sincero hacia los actuales ciudadanos castellanos, entre los cuales tengo familiares a los que adoro.

 

Ojalá la desfachatez y el desprecio que esta monarquía acaba de cometer con Aragón suponga un acicate real para que Chesús Yuste, el único representante de Aragón que puede representar a Aragón, entienda más la necesidad de que Aragón sea representado, de que este País pequeñico pero digno e histórico merece que haya alguien en la capital de Castilla que desde la sensatez, pero desde la reivindicación, avise al mundo entero de que en la Península Ibérica existe un territorio que fue ocupado militar y políticamente y que, aún así, se supo integrar en un nuevo proyecto territorial del que todavía forma parte, un proyecto territorial que, a día de hoy, lo es más por imperativo legal que por reconocimiento.

 

¡A plantar fuerte, Chesús!

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