¿Comarcas o Diputaciones Provinciales?

11. noviembre 2010 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Las dos proposiciones de ley que el Partido Aragonés (PAR) ha presentado para la redistribución de competencias entre las entidades locales y para modificar el sistema electoral de las comarcas, han suscitado un debate político no exento de estrategias preelectorales.

 

A primera vista, la propuesta de vaciar de contenido a las actuales Diputaciones Provinciales para transferir competencias y recursos económicos, humanos y materiales a la administración autonómica o a la comarcal (según el caso), no es nada descabellada.

 

La descentralización del Estado, con la consiguiente redistribución competencial hacia los ámbitos territoriales más cercanos a la ciudadanía, es una constante en nuestro país desde la época de la Transición, y más concretamente, desde la aprobación de la Constitución Española de 1978.

 

Por lo tanto, si un día se construyeron las comunidades autónomas a partir de las transferencias recibidas desde el Estado central, no hay motivo alguno para no repetir ese esquema entre las Diputaciones Provinciales y las comarcas.

 

Ahora bien, en caso de que la propuesta saliera adelante, sería conveniente evitar algunos de los errores más graves que se cometieron durante la construcción del Estado de las Autonomías.

 

Por un lado, el proceso de transferencia competencial hacia las comarcas debería garantizar la igualdad de oportunidades, de derechos y de servicios a todos los ciudadanos y ciudadanas de Aragón, independientemente de su lugar de residencia. Por otro, la descentralización no debería incrementar sustancialmente el gasto de funcionamiento y de personal, respecto a la realidad anterior. Y finalmente, debería desterrarse el fantasma de las duplicidades competenciales, al objeto de crear una administración moderna, eficaz y cercana a la ciudadanía.

2 Comments to “¿Comarcas o Diputaciones Provinciales?”

  1. gemma dice:

    Las comarcas son mucho más necesarias de lo que se entiende desde la centralizada Zaragoza, para el desarrollo y supervivencia del mundo rural y de muchos pequeños núcleos. Bien entendidas, son una herramienta de fijación de población y ayuda a la creación de empleos, además de otros servicios necesarios comolas ayudas a mayores, las guarderías y otras pequeñas medidas sociales y culturales.

    Eso sí, lo que no se puede consentir es el clientelismo que ciertos partidos fomentan a la sombra de la comarcalización, enchufando a sus cabezas de lista (muchas veces, ni siquiera tienen el bachiller) en detrimento de los jóvenes que se han formado y tienen experiencia de trabajo, que estarían encantados de tener un trabajo decente en sus pueblos, o cerca, que les diera simplemente para vivir bien. No se pueden consentir los gastos de los consejeros, los sueldos (?) y otros derroches que hemos visto en las diputaciones, y que hacen de estas pequeñas administraciones devora-presupuestos.

  2. Alfonso dice:

    Pese a mi escepticismo inicial, las comarcas se han dejado sentir y para bien entre quienes apostamos por vivier el medio rural. Lo que nunca se hizo desde las Diputaciones ni la Autonomía, se aborda desde las comarcas. Servicios sociales, protección civil, deportes, cultura… ahora los ves casi cada día, antes era una cosa que tenías que ir a reclamar a la capital.
    Sin embargo, si necesario fuera un reordenamiento de la Administración, desde luego prefiero que, en primer lugar, cada uno se atenga a las competencias que le son propias y exclusivas y, segundo, ya desde aquí me apunto a un adelgazamiento de las diputaciones, además de uno general del número de diputados y consejeros, aún a costa del daño que se realizaría a las pequeñas formaciones políticas: a menos cargos políticos mayor tendencia al bipartidismo.