14–N: una marea de dignidad

15. noviembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Una marea de dignidad recorrió ayer varios países europeos para dejar patente el mayoritario rechazo ciudadano hacia las políticas económicas derechistas y absolutamente erróneas que están estrangulando el modelo del bienestar en la Unión Europea.

Aunque los prebostes de neoliberalismo aseguren lo contrario, el único propósito de estas políticas es pagar con dinero público la deuda bancaria privada, y de paso, arruinar al Estado para privatizar después los servicios públicos más lucrativos a precio de saldo.

Pero la realidad ha puesto al descubierto el farol de los apóstoles del recorte. La crisis que vivimos en este momento no es la de 2008–2009, sino una nueva que tiene como causa la generalización de las políticas de austeridad presupuestaria desde 2010.

La ciudadanía está comenzando a despertar ante esta realidad. En el caso de la Huelga General que ayer vivió España, la respuesta social fue más amplia que en ocasiones anteriores por una simple cuestión aritmética: el régimen de Rajoy provoca cada día más víctimas.

Si en un principio fueron los trabajadores del sector privado los más afectados por la reforma laboral, luego la marea azul del Partido Popular afectó también a los dependientes, a los pensionistas, a los desempleados, a los investigadores, a los universitarios, a los niños, a quienes trabajan en la sanidad pública, a los funcionarios, a los consumidores, a los maestros, al personal laboral del sector público, a los autónomos y a un largo etcétera de colectivos que engrosan la lista de víctimas de las medidas pergeñadas cada viernes en La Moncloa.

Incluso muchos pequeños comerciantes, anteriormente convencidos de que las huelgas generales no iban con ellos, cerraron ayer sus puertas para denunciar que la caída del consumo provocada por la actual política económica, puede llevarse por delante su medio de vida. La persiana cerrada de al lado es un claro aviso.

En cualquier caso, la jornada de ayer fue el triunfo de la convergencia entre reivindicaciones diversas, que confluyeron a la hora de reclamar dignidad, democracia y justicia social. La barbarie neoliberal genera una respuesta cada vez más contundente y unitaria.

Por ello, si el régimen de Rajoy no escucha lo que ayer se dijo en las calles de nuestro país, estará ahondando en su crisis de legitimidad democrática. Quizá el gallego y el resto de los miembros de su Ejecutivo se sientan orgullosos por pasar a la historia como unos déspotas no demasiado ilustrados.

El programa económico del PP ha fracasado. La legitimidad del actual Gobierno está en entredicho. Por ello, al presidente del Gobierno sólo le quedan dos opciones democráticas: convocar un referéndum sobre política económica o dimitir y convocar Elecciones Generales. Todo lo demás será puro autoritarismo.

 

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