20–N: la hora de los vencedores

21. noviembre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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El apabullante triunfo del Partido Popular en las elecciones generales celebradas ayer en España supone un incuestionable espaldarazo de la ciudadanía hacia las políticas conservadoras como vía de superación de la crisis. No obstante, la calculada ambigüedad programática con la que los candidatos y candidatas populares han desarrollado la campaña, ofrece a Rajoy en estos momentos una página en blanco sobre la que poder escribir, sin compromisos ni tachaduras, su fórmula magistral para que este país abandone la miseria económica y anímica en la que vive.

 

Es evidente que nadie puede exigir al Partido Popular que practique políticas económicas socialdemócratas para salir de la crisis, a pesar de que éstas sean (en el marco del sistema económico capitalista) las únicas capaces de generar el grado de redistribución de la riqueza necesario como para remontar la adversa situación en la que nos encontramos. Ni siquiera el PSOE las practicó durante su último mandato.

 

Pero lo que sí se debe exigir al Partido Popular es una firme determinación para que obligue a los grandes empresarios y banqueros de este país (personas cercanas a los postulados ideológicos de los populares) a mostrar un compromiso real y verificable con una ciudadanía demasiado castigada por una crisis económica que no ha provocado.

 

Esa será una estupenda oportunidad para que Rajoy demuestre que su apelación al “esfuerzo compartido” y “equitativamente repartido”, realizada en su primera comparecencia ante los medios después de haber ganado las elecciones, no es un mero brindis al sol escrito sobre papel mojado.

 

La segunda vencedora de la jornada de ayer fue la coalición Izquierda Unida – Izquierda Plural, que vio cómo el electorado de izquierdas respaldaba su amplia hoja de servicios contra los recortes sociales, las reformas laboral y de pensiones, las privatizaciones masivas, los ERE injustificables, y todas las demás tropelías neoliberales que el PSOE ha realizado o tolerado durante la última legislatura.

 

No obstante, una ley electoral profundamente injusta priva –una vez más– a la formación liderada por Cayo Lara de tener en el Parlamento la representación que tiene en la calle.

 

Un perjuicio compartido con Unión Progreso y Democracia, formación que ha sabido hacerse atractiva para buena parte del voto descontento con los dos grandes partidos estatales. El vertiginoso ascenso de la organización de Rosa Díez, la consolida como cuarta fuerza política estatal, ocupando el espacio de centro que quedó vacante tras la desaparición del Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez.

 

Sin embargo, el que resulta –posiblemente– el dato más llamativo de la jornada (más allá de la mayoría absoluta del PP) es la impetuosa irrupción de la izquierda abertzale post–ETA en el Congreso de los Diputados, gracias a los 7 escaños conseguidos por Amaiur. La primera fuerza política nacionalista vasca en la Cámara Baja ya no será el PNV, sino esta nueva formación independentista nacida al amparo del fin de la violencia de ETA. No sería de extrañar que, ante este espectacular resultado, los terroristas que todavía conserven armas en su poder, corrieran a entregarlas en menos de 48 horas a la comisaría más cercana.

 

Finalmente, la presencia en el Congreso de nuevas formaciones como Compromís–Equo, Foro Asturias o Geroa Bai aportará pluralidad política a una Cámara que comenzaba a necrosarse gracias a los efectos de un indeseable y estéril bipartidismo.

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