2012: el año de las mareas

28. diciembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Termina 2012 con diversos récords en España: récord en desempleo, récord en desahucios inmobiliarios, récord en listas de espera hospitalarias, récord en recortes presupuestarios sobre servicios públicos esenciales, récord en fundamentalismo gubernamental, y por supuesto, récord en conflictividad social.

La honesta ciudadanía de un país entero no puede ni debe permanecer impasible ante la demolición del Estado del Bienestar a cargo de unos gobernantes que llegaron a la Moncloa con cien mil soluciones bajo el brazo, pero que ahora sólo están en disposición de ocultar su ineptitud bajo el cobarde manto de la “herencia recibida”.

Así, del mismo modo que la ciudadanía menos dispuesta a comulgar con ruedas de molino comenzó el 15 de mayo de 2011 a hacerse visible en las calles y las plazas españolas para protestar por los primeros recortes y medidas antisociales que el Gobierno de “ZP–no–os–fallaré” había comenzado a imponer un año antes, 2012 se ha convertido en el año de las mareas ciudadanas. El blanco de la sanidad pública, el naranja de los servicios sociales, el verde de la educación pública, el negro de la minería o el rojo de la clase trabajadora, han hecho frente a la marea azul que aupó electoralmente a un gobierno carente hoy de toda legitimidad democrática por haber incumplido todas sus promesas electorales y por impulsar el programa oculto del que nunca informó a sus votantes.

Durante los últimos doce meses se ha abaratado el despido y se ha precarizado el empleo, a pesar de que esto no ha servido para reducir sino para aumentar notablemente el número de parados, así como el de trabajadores que no llegan a fin de mes. Durante los últimos doce meses se ha rescatado a los bancos y cajas de su propia torpeza profesional, mientras se abandonaba a su suerte a millones de ciudadanos y familias sin recursos. Durante los últimos doce meses el gobierno central y los gobiernos autonómicos han robado a funcionarios, pensionistas, dependientes y trabajadores del sector público una parte de sus ingresos para pagar unas deudas que sólo son responsabilidad de quienes crearon e impulsaron un modelo de crecimiento económico insostenible y equivocado.

Pero lo peor de todo, es que durante los últimos doce meses se ha ignorado, apaleado, menospreciado y criminalizado a los millones de personas que han pretendido detener en las calles los atentados contra la ciudadanía y contra la Constitución Española que el régimen de Rajoy perpetraba cada viernes desde el BOE.

El presidente del Gobierno (posiblemente el más torpe de cuantos han pasado por la Moncloa) expuso el pasado sábado el concepto de ciudadanía que prefiere al afirmar ante los militares españoles destacados en Afganistán que si todos los españoles trabajáramos como ellos, “y dijésemos ‘voy a hacer lo que tengo que hacer’ sin pensar lo que hacen los demás, las cosas irían mejor”. Unos mandan y otros obedecen sin rechistar. Sin embargo, la Humanidad todavía estaría subida a los árboles si los hombres y mujeres no se hubieran preguntado nunca el qué, el quién, el cómo, y el por qué de las cosas.

Por ello, para todas esas mareas, que hoy constituyen la avanzadilla de la dignidad ciudadana en este país, va dedicado este último editorial de CRÓNICA DE ARAGÓN en 2012.

Para el resto de ciudadanos y ciudadanas que, siendo víctimas de la Dictadura de los Mercados en la que vivimos, todavía no se han rebelado contra ella, vaya esta reflexión que hacía el gran periodista y escritor español Mariano José de Larra hace casi dos siglos: “El pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas”.


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