40 años votando

16. junio 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Ayer se cumplían 40 años de las primeras elecciones democráticas que España celebró después de la dictadura franquista. Nobles y grandilocuentes palabras recorrieron todo el país, como por ejemplo, las publicadas por la Casa del Rey en su cuenta oficial de Twitter: “libertad, democracia, reconciliación, concordia”.

Sin embargo, el rey se equivoca cuando habla de “libertad” sabiendo que durante los últimos años se ha incrementado notablemente la represión legal contra quienes salen a la calle para denunciar los déficits de pan, de trabajo, de techo y de dignidad laboral, así como contra los periodistas que cubren sus movilizaciones.

Se equivoca también al hablar de “democracia” puesto que en este país, y en general, en todo el mundo neoliberal, los y las votantes sólo pueden elegir en las urnas a las personas que gobernarán el Estado, no las políticas económicas que éstas van a desarrollar. El caso de Grecia es el mejor ejemplo, así como las proféticas palabras que el portavoz parlamentario del PP, Rafael Hernando, le dedicó hace dos días a Pablo Iglesias durante el debate de la moción de censura presentada por Unidos Podemos: “Usted nunca será presidente del Gobierno de España, señor Iglesias”.

En cuanto a la “reconciliación”, resulta ciertamente sarcástico hablar de la misma cuando siguen estando en las calles y plazas de este país los nombres de las personas que se levantaron en armas contra la legalidad democrática republicana, y sobre todo, cuando las víctimas de su genocidio continúan pudriéndose en las cunetas y barrancos de este país, mientras Mariano Rajoy se jacta de otorgar “cero euros” de presupuesto al desarrollo de la Ley de la Memoria Histórica.

Y por último, resulta excesivo hablar de “concordia” cuando crecen cada día las desigualdades sociales, mientras sigue gobernando el partido más corrupto de la breve historia democrática de España, ante la incapacidad de socialistas, izquierdistas y centristas para negociar una alternativa regeneradora de la vida pública.

Así pues, hemos votado durante 40 años, y seguiremos votando durante otros 40, sin que por ello se muevan las estructuras básicas del poder económico, cuyas raíces se hunden hasta momentos muy anteriores a aquel 15 de junio de 1977 que tanto entusiasmo monárquico suscita ahora.

 

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