700 víctimas del terrorismo en Lampedusa

20. abril 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El modelo capitalista neoliberal nos conduce a una creciente dualidad entre ricos y pobres que se ha manifestado este fin de semana a través de la frialdad social e institucional con la que se ha acogido en Europa la muerte por ahogamiento de unos 700 inmigrantes irregulares que se dirigían hacia las costas italianas a bordo de un viejo pesquero.

Los ricos se ocupan de las cosas de los ricos. Así, una acción terrorista perpetrada en Noruega por un lobo solitario de la extrema derecha, un atentado yihadista en la redacción de un semanario satírico francés, o un accidente aéreo sobre los Alpes presuntamente provocado por un copiloto mentalmente desequilibrado, son acontecimientos que conmocionan a los ciudadanos y a los gobernantes del llamado primer mundo, hasta el punto de que varios de estos últimos sienten la necesidad de desplazarse al lugar de la tragedia para exteriorizar el apoyo de sus naciones hacia las víctimas.

Sin embargo, la noticia de que al menos 700 inmigrantes irregulares murieron el sábado cuando intentaban alcanzar las costas italianas a bordo de un viejo pesquero, representa una alerta mediática, social e institucional de segundo nivel.

Ninguno de los gobernantes europeos se atreverá a calificar a estos muertos como “víctimas del terrorismo”, aun a sabiendas de que son las últimas víctimas de un doble terrorismo económico que, por un lado, les obliga a huir de guerras locales provocadas directa o indirectamente por los países productores de armamento, y que por otro, les condena a una economía de subsistencia mientras les hace llegar la imagen de la calidad de vida existente en el llamado primer mundo.

La respuesta institucional ante la última tragedia de Lampedusa será la misma de siempre: una reunión europea en la que se decidirá que las cosas sigan como hasta ahora, es decir, situando más allá de los límites de la ley la presión gubernamental sobre los cuerpos policiales que vigilan la frontera sur de la UE, incrementando los sobornos a los gobiernos del norte de África para que se hagan cargo del “problema” antes de que llegue a la valla o al mar, y afirmando que la UE va a seguir trabajando para evitar que se repitan desastres como éste.

Al fin y al cabo, la dualidad entre ricos y pobres siempre beneficia a los ricos, al menos, mientras éstos dispongan de la fuerza suficiente para mantener sus privilegios frente a la creciente legión de pobres nacida al dictado helador de su modelo económico.

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