Aciertos y descuidos del Movimiento 15–M

6. junio 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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El movimiento 15–M ha dado este fin de semana una muestra de madurez al ser capaz de aglutinar un conjunto de iniciativas y propuestas para presentar a la sociedad. Entre ellas destacan la convocatoria de diversas manifestaciones simultáneas en las principales ciudades españolas el próximo 19 de junio a las 19 horas, o la exigencia de una democracia participativa en la que los gestores públicos escuchen al pueblo que les ha elegido como tales.

 

Sin embargo, este movimiento social avalado por 8 de cada 10 ciudadanos españoles (según la última encuesta de Metroscopia), abordaría incorrectamente la situación socio–económica del país si sus demandas se centrasen sólo en la reforma de la democracia que este país necesita.

 

Junto a ella (quizá incluso por encima de ella) la prioridad consiste en arrebatar el poder a la recién instituida dictadura de los Mercados para entregárselo al pueblo soberano, y en su representación, a una nueva generación de políticos de izquierda, de centro o de derecha, que estén dispuestos a situar el contenido social de la Constitución Española por encima de los equivocados e insostenibles vientos del neoliberalismo globalizado.

 

Digan lo que digan los grupos inversores, las instituciones económicas mundiales y las agencias de calificación de deuda, volver a los niveles de explotación laboral de hace cien años, no es avanzar, sino retroceder; anular el Estado del Bienestar como garantía de un pacto de no agresión entre clases sociales, no es avanzar, sino retroceder; y por supuesto, atacar sistemáticamente al Estado democrático para que el Mercado especulativo ocupe su lugar como ente encargado de cubrir las necesidades sociales, no es avanzar, sino retroceder.

 

Por ello, las demandas del 15–M quedarían incompletas sin una crítica total al sistema económico dominante. De hecho, aunque se consiguiesen logros democráticos como las listas abiertas, la limitación de mandatos, la reducción de coches oficiales o nuevos sistemas más proporcionales de asignación de escaños, poco cambiaría la situación si no se cuestionase simultáneamente el actual sometimiento del poder político al poder económico.

 

La batalla económica del movimiento ciudadano que desde hace tres semanas ha llenado de esperanza democrática las plazas del país, debería comenzar pues por lo más inmediato: una oposición frontal a la legislación sobre negociación colectiva que Moncloa se dispone a promulgar para atraer inversores anulando en la práctica algunos de los derechos de los trabajadores que todavía quedan en pie tras la reforma laboral y la reforma del sistema de pensiones.

 

En esa batalla, el movimiento debería tener en cuenta que no todos son iguales en el panorama político, sindical y social de este país; que hay partidos políticos, sindicatos minoritarios y colectivos ciudadanos que siempre se han opuesto frontalmente al giro neoliberal que Rodríguez Zapatero imprimió a su política económica un funesto 12 de mayo de 2010.

 

Quizá sea el momento de empezar a consolidar alianzas.

 

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