Adolfo Suárez: la muerte de un demócrata

24. marzo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

No abundan hoy en día los asuntos que puedan poner de acuerdo a las dos Españas que, con mayor o menor acierto, conviven en este país. Una de ellas es la necesidad de honrar la memoria de Adolfo Suárez, que ayer nos dejó para siempre después de perder la última batalla contra la cruel enfermedad neurodegenerativa que padecía.

Perderse a sí mismo en las lagunas de la memoria no es el final que merece ningún ser humano, mucho menos si se trata de una persona que supo materializar para los españoles la oportunidad democrática que la Historia y el caciquismo siempre les habían negado. No es cierto, como dice la verdad oficial, que la democracia la trajeran Suárez y el rey, ya que millones de personas empujaban desde hacía décadas para que ésta finalmente se implantase en España. Lo que resulta incuestionable es que, tanto el monarca como el presidente del Gobierno nombrado por él (cuando los presidentes del Gobierno no eran elegidos por el pueblo sino designados por el Jefe del Estado), quisieron y supieron escuchar al pueblo a la hora de construir un marco de convivencia permanente.

Toda primavera debe tener continuidad para que las primeras flores no se marchiten antes de propagar su polen. Lamentablemente, aquel inicio de primavera muñido por el rey, por Adolfo Suárez, por la izquierda antifranquista, por los policías, guardias civiles y militares que se mantuvieron serenos ante los continuos asesinatos de ETA y el GRAPO, por los principales sindicatos del país, por millones de luchadores por la libertad, y por una clase política ejemplar que tenía el suficiente sentido de Estado como para no permitir que el interés general quedase sometido a los caprichos de unos cuantos especuladores sin fronteras, no ha tenido continuidad a posteriori.

Ayer mismo, con el ejercicio de los derechos constitucionales en franco retroceso, con unos gobernantes incompetentes y desapegados de las necesidades del pueblo, con la aconfesionalidad del Estado plenamente cuestionada, y con una España puntera en cuanto a las tasas de pobreza, desempleo y desigualdad social, el vicesecretario de Estudios y Programas del PP, Esteban González Pons, tenía la desvergüenza de referirse a Suárez en tono solemne diciendo: “hemos perdido al hombre; estemos a la altura de su ejemplo”.

Una muestra más de la deprimente clase política que hoy pilota el legado de Suárez a las órdenes de poderes extranjeros como el FMI, el BCE o la Comisión Europea, agrupados bajo la denominación rusa de “Troika”. Es curioso que la derecha más retrógrada de la época de la Transición, desconfiara del PCE de Carrillo porque, en su opinión, funcionaba a las órdenes de un poder extranjero radicado en Moscú.

En cualquier caso, ayer nos dejó para siempre Adolfo Suárez, una persona que con su breve y multilateralmente boicoteado ejercicio presidencial, demostró cómo se debe gobernar un país en beneficio de quienes residen en él. Vayan desde aquí las más sinceras condolencias de CRÓNICA DE ARAGÓN y nuestro mensaje de solidaridad y aliento para los familiares de este ejemplar servidor de la cosa pública. Descanse en paz.

 

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