Ahora, en común

10. julio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La política está cambiando. Las estructuras tradicionales de los partidos (incluidas las de los llamados “partidos emergentes”) ya no son capaces de dar todas las respuestas a una ciudadanía que pretende representarse a sí misma. Es la segunda Transición democrática de la que hablábamos esta misma semana con el nuevo alcalde de Zaragoza.

Una de las dimensiones de esta crisis de la política tradicional, es el cuestionamiento de la representatividad democrática. La endogamia gubernamental, la perversión de la Ley d’Hondt, y la constatación de que las dos cabezas del bipartidismo acaban sirviendo a los mismos señores (tal como demostró hace cuatro años la reforma del artículo 135 de la Constitución, y tal como ha demostrado esta misma semana el apoyo de socialistas y populares al TTIP en el Parlamento Europeo), son factores que han alejado a la sociedad de sus representantes institucionales.

La respuesta a esta situación por parte de la derecha ha consistido en la promoción de un partido de marca blanca, Ciudadanos, para evitar que los votos insatisfechos del PP acaben en el cesto de la abstención.

Sin embargo, la izquierda ha respondido con un llamamiento a la unidad popular entre las fuerzas políticas y los colectivos sociales contrarios a las políticas neoliberales que se han practicado en este país desde el 12 de mayo de 2010.

El éxito cosechado por las candidaturas municipalistas que concurrieron bajo estas premisas a las elecciones del 24 de mayo, es prueba suficiente de que el cambio de política económica a nivel estatal sólo puede alcanzarse desde un proceso de confluencia como el que representa la plataforma Ahora En Común.

Todo el mundo, menos Pablo Iglesias, es consciente de esta realidad. Ahora sólo queda por saber si la militancia de Podemos va a dejarse llevar por su líder (como ocurriría en la Vieja Política), o si por el contrario va a tener voz propia en este proceso.

 

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