Al margen de la ley (y de la comunidad internacional)

3. diciembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Estado de Israel (que celebrará elecciones generales anticipadas el próximo 22 de enero) sigue empeñado en colocarse al margen de la ley y de la comunidad internacional, ignorando que el pasado jueves ésta decidió por abrumadora mayoría otorgar a Palestina el estatus de Estado observador de Naciones Unidas.

La represalia del Gobierno de Netanyahu contra esta decisión ha consistido en el anuncio de que se van a construir 3.000 nuevas viviendas ilegales para colonos israelíes en el vecino Estado de Palestina, y que se va a congelar la aportación mensual de 92 millones de euros de impuestos que el Estado de Israel recauda para la Autoridad Nacional Palestina (ANP), en virtud de los Acuerdos de París.

La primera de las medidas es un claro desafío a la comunidad internacional, que ha sido criticado incluso por el gobierno de los Estados Unidos. La segunda, más bien corresponde a una pataleta de niño malcriado, por mucho que se disfrace de compensación de la deuda que la ANP tiene con la compañía israelí que suministra electricidad a los territorios palestinos en condiciones realmente tercermundistas.

En cualquier caso, los gobernantes del Estado de Israel tienen que ser conscientes de que su país no puede estar desafiando permanentemente a la comunidad internacional y de que los compromisos de paz no deben abordarse desde la intransigencia y con el único propósito de ganar tiempo para demoler otra manzana de viviendas palestinas con el fin de construir en su lugar un nuevo edificio para colonos israelíes.

Esta actitud gubernamental se llama limpieza étnica y está considerada como un crimen contra la Humanidad por esa comunidad internacional de la que nada quiere saber Israel, excepto para comerciar, para propagar su doctrina político–religioso–cultural siempre que se le ofrece la ocasión, y para disputar competiciones internacionales.

Sería deseable que los votantes israelíes (que en su inmensa mayoría sólo aspira a lo que aspira cualquier ser humano, es decir, a vivir en paz y a disfrutar de una vida digna y sin sobresaltos), tuvieran el suficiente criterio el próximo 22 de enero como para otorgar su confianza a los partidos más proclives al entendimiento sincero con sus vecinos, en lugar de depositar el voto a favor de quienes pretenden que Israel sea para siempre un Estado militarizado que desea seguir viviendo de espaldas al resto de la Humanidad.

 

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