Amanecer en Tortosa

1. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

España sigue siendo una tragicomedia del absurdo. Pequeñas ciudades que deciden en referéndum si cumplen o no una ley estatal; alcaldes de partidos independentistas catalanes que defienden la permanencia de un monumento franquista en su municipio; mayorías sociales que apuestan por homenajear a los golpistas que hace casi 80 años se levantaron en armas contra la primera experiencia democrática de la historia de España; supuestos antisistema convirtiéndose en los únicos que actúan de acuerdo con la ley…

Todo esto, y algunas cosas más, es lo que ha ofrecido Tortosa al mundo durante los últimos días, sin olvidar esas declaraciones del alcalde, en las que después de conocerse el dato de que el 68,4% de los votantes habían respaldado la permanencia del monumento franquista, decía lo siguiente: “Pedimos que no se nos trate como fascistas ni franquistas porque no lo somos”.

Según aclara el diario Público, la diversidad de opiniones fue la nota dominante entre los seis partidos representados en el Consistorio tortosino. CiU (8 concejales) dio libertad de voto, aunque eran más partidarios de la permanencia que de la retirada; ERC-AM (4), Movem Tortosa-Entesa (4) y PSC-CP (3), eran partidarios de celebrar un referéndum en el que abogar por la retirada; la CUP (1) proponía la retirada sin referéndum; y cómo no, el PP (1) defendía la opción de mantener y restaurar el monumento franquista.

Sin embargo, para lo único que sirvió este vodevil electoral fue para que unos cuantos vecinos y vecinas del municipio desperdiciaran junto a las urnas una maravillosa jornada de primavera. El artículo 15 de la Ley de Memoria Histórica no está abierto a la interpretación plebiscitaria, ya que es meridianamente claro al señalar que las Administraciones Públicas tienen la obligación de proceder a “la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”.

Pues bien, tratándose de un monumento fascista, inaugurado por el propio Franco en 1966 para homenajear el triunfo de sus golpistas sobre los defensores de la legalidad democrática en la Batalla del Ebro, ¿a qué espera la Fiscalía del Estado para actuar de oficio en defensa de la Ley de Memoria Histórica?

Hay una segunda opción que quizá agrade más a los habitantes de Tortosa: convertir su municipio en un parque temático del franquismo, con el cuestionado monumento como reclamo principal, y el aderezo de otros elementos como una réplica exacta en 3D de la momia del dictador, una exposición de las balas que asesinaron a los 116.000 demócratas cuyos cadáveres yacen todavía en las cunetas y los barrancos de este país, una cueva de los horrores de la Brigada Político Social, un campo de tiro al intelectual, y la reedición de algunos periódicos fascistas como “¡Arriba!”, “El Alcázar” o “Amanecer, diario aragonés del Movimiento”.

La iniciativa podría representar, precisamente, un amanecer económico para esta ciudad del Bajo Ebro, ya que las últimas tendencias políticas en Europa aseguran la llegada masiva de turistas.

Además, para evitar problemillas legales con la Ley de la Memoria Histórica, bien podría colocarse en el arco de entrada del parque esa memorable frase del alcalde de Tortosa: “Pedimos que no se nos trate como fascistas ni franquistas porque no lo somos”.

 

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