Antisistemas en el poder

21. marzo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Con todo lo que ha ocurrido en este país durante los últimos años, sería reiterativo señalar que los verdaderos antisistema son aquellos que apuestan por maquillar los desmanes de la alta economía vulnerando los principios de Estado social establecidos en nuestra Constitución.

Cuando estos antisistema consiguen alcanzar el poder (incluso después de haber engañado a sus votantes), las consecuencias son dramáticas para la clase trabajadora, ya que comienzan a ocurrir cosas como la anulación de “la fuerza vinculante de los convenios” (art. 37), de “la progresividad fiscal” (art. 31), o del “derecho al trabajo y a una remuneración suficiente” (art. 35). También dejan de existir las “prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo” (art. 41), mientras queda en entredicho “la suficiencia económica de los ciudadanos durante la tercera edad” (art. 50), y “la distribución equitativa de la rentas” (art. 40) se convierte en tema para chistes de barra de bar.

Un ilustre antisistema es José Manuel García–Margallo, que todavía sigue ejerciendo como ministro de Exteriores de España después de haber afirmado públicamente en septiembre de 2013 que “la Constitución Española tiene dos artículos, y sólo dos, el resto es literatura”. Naturalmente, se refería como parte válida a la unidad de la patria y a la soberanía nacional (entendida como oposición a la soberanía autonómica), y como parte ficticia a todos los derechos y garantías fundamentales que movieron a la izquierda en 1978 a rubricar un texto constitucional que no era de su agrado.

Desvelado el engaño treinta y cinco años después, y en una situación de emergencia social como la que vivimos, con las tasas más altas de desempleo y de desigualdad social de toda la Unión Europea, no es de extrañar que una parte de la ciudadanía se organice para reclamar el cumplimiento de los preceptos constitucionales ignorados, incluso dentro de un nuevo proceso constituyente que, esta vez sí, suponga un ejercicio democrático y sincero por parte de quienes se resisten a la hora de dejar atrás el ancestral caciquismo español.

Frente a ellos, emergen notables antisistema como el todavía presidente madrileño, Ignacio González (persona relacionada con misteriosas compras de áticos en Marbella, con oscuras negociaciones en el ámbito de las multinacionales del juego, y con vergonzosos intentos de mercantilizar la salud de los madrileños), que ayer acusaba a las Marchas de la Dignidad que confluirán mañana en la capital del Estado, de ser “un llamamiento a la revolución, a la subversión del orden constitucional, al incumplimiento de la ley y de los compromisos internacionales y a tomar la calle”.

También dijo en sede parlamentaria que la convocatoria de las Marchas es “una actuación al más puro estilo comunista y revolucionario”, y que tiene puntos en común con el movimiento neonazi griego Amanecer Dorado. En la reflexión de Ignacio González sólo faltaron las conexiones de las Marchas con ETA, con Al–Qaeda, con el Hombre del Saco y con el gobierno de Corea del Norte.

Más allá del nerviosismo que la movilización social provoca en aquellos que le han arrebatado la dignidad al pueblo y a la norma constitucional por la que se rigen sus relaciones socioeconómicas, lo cierto es que mañana habrá una explosión de democracia en Madrid que sin duda afectará a los ojos y a los tímpanos de aquellos que están convencidos de que, engañando al pueblo durante una campaña electoral, se puede obtener carta blanca para pisotear los derechos constitucionales de los trabajadores, los pensionistas, los parados y los dependientes, siempre en beneficio de los más poderosos, tal como las estadísticas sobre la economía española se empeñan en demostrar reiteradamente.

 

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