Aragón, la TCP, el cinismo de Blanco y la ley electoral

20. octubre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Europa y España volvieron ayer a traicionar a Aragón en sus aspiraciones de contar con una vía de comunicación de alta capacidad en la frontera con Francia. Como cabía esperar, Bruselas –a propuesta de Madrid– excluyó la Travesía Central del Pirineo (TCP) de las redes europeas prioritarias para el periodo 2014–2020, e incluyó en las mismas el corredor mediterráneo y el corredor atlántico.

 

Cataluña y País Vasco rentabilizan así el apoyo de sus diputados y senadores nacionalistas al Gobierno de la nación, sea éste del color que sea. La riqueza se seguirá generando en las comunidades más ricas, mientras otras regiones como Aragón deberán continuar suspirando por las migajas.

 

La decisión de Madrid–Bruselas es del todo inaceptable. Aragón, todo Aragón, con su Ejecutivo autonómico al frente, debe dar un puñetazo encima de la mesa para exigir todas aquellas infraestructuras que contribuyan a aminorar el retraso histórico que sufre respecto a otras comunidades. Ha acabado el tiempo de las buenas palabras y de las maneras políticamente correctas, ya que tanto unas como otras se han revelado ineficaces.

 

Particularmente bochornoso resultaron ayer las declaraciones del ministro de Fomento José Blanco (una de las personas con más carencias intelectuales de cuantas han formado parte del Gobierno de España desde la época de los Reyes Católicos), al afirmar ufano que la decisión de Bruselas había hecho prosperar los intereses de todos en España, y que Zaragoza será el nodo de comunicaciones más importante del norte del país.

 

Tal vez el cerebro de Blanco no sea capaz de ordenar distancias de menor a mayor (Zaragoza–Canfranc: 158 km.; Zaragoza–Irún: 281 km.; Zaragoza–Portbou: 476 km.), o quizá el ministro pretenda reírse de los aragoneses y aragonesas después de haber traicionado sus legítimas aspiraciones, en beneficio de vascos y catalanes.

 

En cualquier caso, la decisión de Bruselas hubiera sido muy diferente si en España existiera un verdadero sistema de representación electoral. El que existe actualmente otorga 2 escaños a la coalición IU–ICV después de haber obtenido 969.946 votos en las últimas elecciones generales, mientras que a CiU le da 10 escaños con 779.425 votos, y al PNV 6 escaños con 306.128 votos, casi los mismos que obtuvo UPyD (306.079 votos), aunque esta última formación debió conformarse con un solo escaño.

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