Aragón y sus pernoctaciones

14. enero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El consejero aragonés de Economía y la directora general de Turismo del Gobierno de Aragón realizaron ayer una comparecencia pública para presentar el stand y los contenidos que nuestra comunidad autónoma llevará a la próxima feria de turismo FITUR entre los días 22 y 26 de enero.

Francisco Bono y Elena Allué coincidieron a la hora de señalar que una de las debilidades del sector en Aragón es el escaso número de pernoctaciones que se realizan; una observación que ya estuvo presente en la rueda de prensa ofrecida el pasado 26 de diciembre para comunicar los datos de visitantes relativos al año que acaba de terminar.

Parece que más allá del turismo rural y del invernal, nuestra comunidad autónoma sigue siendo percibida como una zona de paso entre los ejes Madrid–Barcelona y Cantábrico–Mediterráneo. En el punto medio de ambos existe una ciudad que, a pesar de haber realizado un ingente esfuerzo por darse a conocer al mundo a través de una Exposición Internacional, vive en estos momentos sometida al mismo provincianismo público–privado que existía antes de ser designada como sede de la Expo de 2008.

Para visitar la Zaragoza tradicional (léase Basílica del Pilar y su entorno) sólo es necesaria una jornada, por lo que el número de pernoctaciones que contrata el visitante se sitúa entre cero y una. Si el Gobierno de Aragón (como institución gestora del recinto Expo) e Ibercaja (como concesionaria del principal edificio emblemático de la muestra) se empeñan en seguir transmitiendo la idea de que la nueva Zaragoza no existe, el número de pernoctaciones seguirá situándose entre cero y una.

Con esa actitud, continuarán quedándose fuera de los circuitos turísticos el Pabellón Puente de Zaha Hadid, la Torre del Agua de Enrique de Teresa, la Pasarela del Voluntariado de Javier Manterola, el Puente del Tercer Milenio de Juan José Arenas, el Alma del Ebro de Jaume Plensa, y por supuesto, el Acuario Fluvial de Zaragoza, el Parque del Agua, las intervenciones artísticas de las riberas del Ebro, o el Telecabina de Aramón, que curiosamente dejó de funcionar cuando el propio Francisco Bono presidía esta empresa público–privada participada al 50% por el Gobierno de Aragón y por Ibercaja.

Llama la atención que el consejero de Economía proponga ahora medidas para incrementar las pernoctaciones en Zaragoza cuando él mismo contribuyó a que no proliferasen al ordenar el cierre de una atracción turística de primer nivel, tras la negativa del Ayuntamiento de Zaragoza a aceptar el chantaje sobre el pago prorrateado de sus costes de instalación.

Los empresarios del sector de la hostelería deberían tomar buena nota de quiénes son los que impiden, por puro provincianismo cateto, que Zaragoza y Aragón exploten al máximo todo su potencial turístico.

 

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