Aragón y sus siete décimas

1. abril 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Un pequeño terremoto presupuestario de siete décimas en la escala de la ignominia ha recorrido las instituciones aragonesas. Su hipocentro estaba situado en el incumplimiento del objetivo del déficit para 2013 por parte de nuestra comunidad autónoma. Lo que en una arbitraria pizarra era un 1,3% del PIB, en la realidad se ha convertido en un 2,06%.

¿Qué hacer, pues, en una región cuyo gobierno no gasta demasiado y que ingresa todo lo que puede ingresar, teniendo en cuenta que los impuestos en los que mayor alcance puede tener la progresividad fiscal son de carácter estatal?

La cruda realidad es que Aragón, posiblemente, haya alcanzado el tope de recortes presupuestarios que puede darse en un territorio sin producir una catástrofe socioeconómica de dimensiones apocalípticas. Los sablazos a las prestaciones por dependencia, las reducciones de becas en los comedores escolares, el cierre de quirófanos en determinadas épocas del año, o los despidos de personal en los ámbitos educativo y sanitario, no han sido capaces de evitar que nuestra comunidad autónoma en 2013 haya gastado 253 millones de euros más de lo que, según los augures del austericidio, debería haber gastado.

A partir de ahí, y teniendo en cuenta que por obra y gracia de los recortes nuestra comunidad autónoma tiene cada vez menos capacidad para crear riqueza, sólo quedan dos opciones. La primera consiste en recortar todavía más el gasto público, es decir, despedir más maestros y médicos, incrementar las ratios y las listas de espera en la educación y la sanidad públicas, dejar de cambiar las sábanas en los hospitales, reducir todavía más las prestaciones por dependencia, robar las pagas extras a los funcionarios, y congelar la actividad de toda la Administración autonómica.

La segunda opción pasa por rebelarse, de una vez por todas, ante el monumental error que supone recortar el gasto público en épocas de crisis, sobre todo cuando el caso aragonés ha demostrado fehacientemente que, no por más recortar, se reduce el déficit público en relación al PIB. De hecho, ocurre todo lo contrario. A no ser que sus cerebros estén vacíos, los neoliberales deberían haber aprendido ya que, a menos inversión pública en época de crisis, menos capacidad para crear riqueza, menos Producto Interior Bruto, y por lo tanto, más déficit público en relación al PIB, aunque el gasto de las Administraciones Públicas en el momento B sea igual o menor que en el momento A.

 

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