Arde París

15. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Francia vivió ayer una jornada masiva de protestas contra la reforma laboral del “socialista” François Hollande. Cientos de miles de personas (algunos medios hablan de más de un millón de manifestantes en París) tomaron las calles ejerciendo en todo momento una violencia proporcional a la que supone el robo por decreto de derechos sociales.

Este “socialista” llamado Hollande, inspiración de otros “socialistas” como Pedro Sánchez (que siendo diputado raso del PSOE votó con el PP a favor de la contrarreforma del artículo 135 de la Constitución), ha fracasado ante el pueblo que le eligió, aunque todavía le resulta útil a esos oscuros poderes económicos que creen estar por encima de la democracia. De hecho, hace unos días se planteaba suspender en Francia el derecho constitucional a la huelga, con el fin de garantizar la prestación de servicios durante la Eurocopa 2016.

Al parecer, el “socialista” Hollande le dedica más atención al fútbol que a las justas reivindicaciones del pueblo que le ha elegido.

En este momento, hay dos tipos de políticos en Europa: los que se pliegan al chantaje del gran capital, estando siempre dispuestos a rebajar salarios y derechos laborales para disputar inversiones a los paraísos de la semiesclavitud; y los que piensan que la economía debe estar al servicio del interés general, mediante legislaciones que moderen la avaricia de los que ya son muy ricos.

Lo más irónico de este caso es que si Francia estuviera hoy gobernada por la derecha, el “socialista” Hollande y los suyos estarían en la calle junto a los sindicatos, clamando contra la misma reforma laboral que hoy impulsan desde el gobierno. Pero no se puede engañar a toda la gente durante todo el tiempo, razón que convierte a los dirigentes “socialistas” en los únicos responsables del masivo trasvase de votos desde sus partidos hacia otras formaciones de la izquierda.

Según los últimos sondeos, 4 de cada 5 franceses rechazan la reforma laboral del “socialista” Hollande. Por eso, el presidente francés debe elegir ahora entre democracia o neoliberalismo, ya que ambos conceptos se excluyen mutuamente.

 

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