Atentado contra la libertad

13. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Normalmente, los atentados terroristas tienen como objetivo acabar con la vida de las víctimas. Las podridas mentes de autores sólo son capaces de pensar que la muerte de una o varias personas ayudará a difundir sus propósitos políticos o religiosos. Cuando comprenden que sus crímenes sólo generan dolor y rechazo social, los terroristas ya están muertos, sigan o no con vida.

Pero lo ocurrido el sábado por la noche en un club gay de Orlando, fue un ataque terrorista perpetrado no sólo contra la vida de los otros, sino tambien contra su libertad.

Las primeras investigaciones apuntan que el terrorista Omar Mateen, ciudadano estadounidense de origen afgano, podría ser un lobo solitario simpatizante del Estado Islámico, que cometió su masacre favorecido por dos circunstancias decisivas. La primera es la extrema permisividad de las autoridades norteamericanas respecto a la venta de armas a particulares. La segunda es la atomización de las células yihadistas y su desconexión entre sí, lo que dificulta las labores de seguimiento por parte de las fuerzas policiales, mientras favorece la sensación de miedo entre la población.

Mateen era un fanático, un machista, un maltratador, un fundamentalista, un homófobo, un racista, un ser despreciable que tuvo la oportunidad de comprar armas y descargarlas contra los miembros de un colectivo al que odiaba. 50 muertos y 53 heridos es el resultado de un acto criminal en el que una persona se creyó en el derecho de imponer a los demás su forma de vida.

En este sentido, la desigualdad y el individualismo que emanan de la ideología global dominante, suponen un caldo de cultivo idóneo para que la perturbación mental se transforme en fanatismo primero, y en masacre después, independientemente de cuáles sean las preferencias políticas o las creencias religiosas de los perturbados.

Por todo ello, la lucha contra el terrorismo y la prevención de los asesinatos masivos sólo pueden cimentarse sobre la base de un sistema socioeconómico e institucional en el que los Derechos Humanos, las libertades fundamentales y el principio de igualdad se preserven sobre cualquier otra consideración.

Lo contrario, sólo conduce al muy lucrativo negocio de vender armas para combatir a quienes antes compraron otras armas.

 

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