Caciquismo empresarial

11. mayo 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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“Si gobernáramos nosotros, haríamos cosas políticamente incorrectas pero económicamente necesarias”. Tal afirmación, perfectamente atribuible a cualquiera de los caciques rurales o industriales que pululaban por la España de hace cien años, fue sin embargo pronunciada ayer por el nuevo presidente de la patronal española, Juan Rosell, durante un acto celebrado en la sede del Círculo de Empresarios en Madrid.

 

Pero no se quedó ahí el sucesor de Gerardo Díaz Ferrán, ya que en plena efervescencia neoliberal, llegó a decir que es preciso “que la realidad se imponga a la legalidad”, en referencia a las reformas económicas que, según los empresarios españoles, son necesarias para salir de la crisis.

 

Una vez conseguidas del gobierno socialista la aprobación de una reforma laboral que no está creando empleo sino que está precarizando el ya existente, y una reforma de las pensiones cuya única utilidad radica en allanar el camino a los planes de pensiones privados (más caros y mucho menos rentables para el asegurado que el sistema público de pensiones), la patronal española se ha lanzado a una batalla para desvincular los salarios de la inflación y conectarlos a la productividad.

 

En este sentido, Rosell anunció que “el IPC se ha quedado un poco anticuado” como referencia para las actualizaciones salariales, sin tener en cuenta que la pérdida generalizada de poder adquisitivo es un camino equivocado que termina en el colapso de la economía nacional.

 

Pretender incrementar la competitividad de las empresas sobre la rebaja de los derechos laborales y de los niveles salariales, no sólo es anticonstitucional, sino que supone una agresión evidente contra la sociedad por parte de quienes buscan hacerse cada día más ricos sin considerar los efectos perversos que su avaricia produce en la economía del país.

 

Este dogma neoliberal tampoco tiene en cuenta que la mayoría de las empresas que fracasan lo hacen como consecuencia de decisiones equivocadas que previamente han tomado sus propietarios y gestores, y no por retribuir generosamente a sus plantillas.

 

En cualquier caso, las palabras que ayer pronunció el presidente de la CEOE dejan en evidencia que la clase empresarial española todavía tiene que aprender unas cuantas lecciones de ética y de economía sostenible, antes de poder pronunciar discursos grandilocuentes.

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