Caciquismo presidencial

9. julio 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Las democracias modernas han incorporado el concepto de la división de poderes para evitar que las tareas de elaborar las leyes, de ejecutarlas y de determinar si las acciones cotidianas son acordes o no con ellas, recaigan sobre las mismas personas.

Sin embargo, durante las últimas horas, varios portavoces parlamentarios del Congreso han utilizado la palabra “caciquismo” para referirse a un gobierno que pretende fabricar las leyes desde el Consejo de Ministros, aupado en una mayoría absoluta tan ilegítima como las mentiras programáticas que contaron los de Rajoy durante la campaña electoral de las últimas Generales.

Un Gobierno que pretende reformar 25 leyes a través de un solo Real Decreto–Ley, hurtando el debate en las Cortes y ninguneando al poder legislativo, puede encajar perfectamente en la segunda acepción del Diccionario de la RAE para el término “caciquismo”, es decir, “intromisión abusiva de una persona o una autoridad en determinados asuntos, valiéndose de su poder o influencia”.

La semana pasada decíamos en este mismo espacio, y a propósito de la majadería popular de que los Ayuntamientos sean gobernados por la lista electoral más votada, que el partido de Rajoy intenta garantizar su continuidad en el poder pervirtiendo la naturaleza parlamentaria de nuestro sistema político para convertirlo en un modelo presidencialista que no estaba en la Ley de Reforma Política de 1976, ni en los Pactos de la Moncloa, ni en la Constitución Española de 1978.

Pocas horas después de afirmar aquello, el Consejo de Ministros nos daba la razón con este engendro de Real Decreto–Ley 8/2014, de medidas urgentes para el crecimiento, la competitividad y la eficiencia. Deberían ser los tribunales los que determinaran el grado de legalidad que encierra el hecho de que el Gobierno de España se arrogue poderes extraordinarios de similares efectos a los que otorgan los estados de alarma, excepción o sitio.

En este sentido, la actitud del régimen de Rajoy podría encajar también en la primera acepción que la RAE da al término “caciquismo”, siempre que ampliemos el ámbito territorial de aplicación: “dominación o influencia del cacique de un pueblo o comarca”, entendiendo como “cacique” la “persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo”.

 

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