Cadenas y cortinas

18. abril 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El ministro de Justicia español expuso ayer algunas de las líneas generales que regirán la anunciada reforma del Código Penal, prevista para este verano. Alberto Ruiz Gallardón, como el veterano político profesional que es, supo extender una tupida cortina de humo, la de la cadena perpetua, para ocultar el verdadero objetivo de la reforma: criminalizar la disidencia.

Así, el ministro explicó que la “prisión permanente revisable” (eufemismo ridículo bajo el que se oculta el concepto de “cadena perpetua”) sólo se aplicaría a futuros terroristas (las disposiciones penales desfavorables para el reo nunca tienen efectos retroactivos) que no se hayan reinsertado mediante el abandono de su organización criminal.

Y es en este punto donde el licenciado en Derecho y fiscal en excedencia Ruiz Gallardón realizó la pirueta jurídica más bochornosa, al señalar que en los demás delitos no es posible acreditar que el reo tiene la intención de volver a delinquir.

¿Qué ocurre entonces con los delincuentes que padecen alguna alteración grave de su personalidad? Lo que está diciendo Ruiz Gallardón es que sólo los futuros terroristas (de un país en el que previsiblemente ya no va a haber terroristas) podrán eludir la cadena perpetua si se deshacen del “carnet” de su organización, mientras que es imposible saber si un psicópata homicida –por ejemplo– volverá a delinquir tras cumplir su condena.

En resumen, una estupenda y perfectamente inútil cortina de humo que busca ocultar el verdadero sentido de la reforma del Código Penal: criminalizar las protestas sociales que se produzcan contra las equivocadas y anticonstitucionales medidas de política económica que los Mercados han impuesto a España.

Seguramente, romper un escaparate será considerado como un delito mucho más grave que romper el equilibrio económico y el bienestar de cientos de familias mediante un ERE infundado. Puede incluso que esto último nunca llegue a ser delito.

 

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