Caen Alemania y Francia

14. febrero 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La recesión no es sólo cosa de los países del sur de Europa. Según los últimos datos disponibles, la economía alemana cayó un 0,6% en el cuarto trimestre de 2012 (el peor dato desde 2009), mientras que la francesa lo hizo en un 0,3%. Desde hace muchos meses, organismos internacionales independientes vienen advirtiendo de que la caída de la demanda interna en la zona euro como consecuencia de los recortes presupuestarios y salariales, iba a poner en peligro la recuperación económica de la UE, y en serio riesgo la evolución de la economía mundial.

Sin embargo, los neoliberales que gobiernan en las instituciones comunitarias y en buena parte de las nacionales de la UE no están haciendo caso a las advertencias, mientras perseveran en la búsqueda de un santo grial llamado “déficit cero”. Esta distorsión religiosa, situada más allá de la mera racionalidad económica, es la que está royendo los principios básicos del Estado del Bienestar, que son los que han garantizado prosperidad a Europa Occidental durante las últimas décadas.

De hecho, lo que los neoliberales pretenden no es acabar con el déficit público sino con el propio Estado del Bienestar como modelo en el que el Estado ejerce un papel redistribuidor de la riqueza, y en el que determinados derechos fundamentales como la sanidad, la educación o las pensiones no son objeto de intercambio comercial ni producto para el enriquecimiento empresarial.

El hombre del saco de la deslocalización de empresas hacia los paraísos laborales de la semiesclavitud es lo que mueve a las trabajadoras y trabajadores de la zona euro a aceptar intolerables retrocesos en la calidad de sus empleos y de sus remuneraciones. Llama la atención el hecho de que Alemania haya registrado una mala cifra en sus exportaciones durante el cuarto trimestre de 2012, mientras España, con un 26% de desempleo, está aumentando vertiginosamente sus ventas en los mercados extranjeros. Un claro ejemplo de dumping social en la zona euro, que lleva a pensar si ese era el verdadero propósito de quienes un día decidieron impulsar la unión de los países de Europa Occidental de acuerdo con un modelo de prosperidad y bienestar colectivos.

Así las cosas, y antes de que la UE explote por los aires como consecuencia de las políticas neoliberales que han infectado sus instituciones, resulta cada vez más urgente establecer una armonización al alza de los derechos sociales, laborales, y de las obligaciones fiscales en el seno de la zona euro; así como una severa imposición de aranceles a todas las importaciones elaboradas en condiciones laborales precarias, y siempre en proporción a su grado de disfunción respecto a los estándares establecidos en la propia zona euro.

Un programa económico que jamás aplicará la derecha neoliberal, pero con el que deben comprometerse activamente todos los partidos socialdemócratas de Europa, partidos que en este momento se están equivocando profundamente por haber adoptado la ideología económica del enemigo.

 

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