Carrillo, el viejo soñador de la libertad

19. septiembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Decía el filósofo francés Pierre Proudhon que “libertad es igualdad, porque la libertad solo existe en el estado social, y fuera de la igualdad no puede haber sociedad”. Ayer murió en Madrid a los 97 años de edad Santiago Carrillo, un hombre que jamás abandonó la lucha por la libertad y la igualdad, aunque a veces la desarrollara por senderos tortuosos.

Esa perseverancia en pos de un ideal a lo largo de casi un siglo de historia personal en el que el mundo ha cambiado varias veces de dirección, constituye el principal legado que Carrillo deja tras de sí.

La efervescencia revolucionaria, la defensa de la República democrática, la lucha antifascista, las crecientes discrepancias con la ortodoxia soviética, el papel determinante jugado durante la transición española, la intensa actividad parlamentaria ejercida durante los primeros años de la restauración democrática o la firme contestación al recientemente resucitado capitalismo salvaje, constituyen diversos momentos en la vida de una persona que desde ayer ocupa por derecho propio un lugar en la historia política de nuestro país.

Más allá de ideologías, lo que resulta incuestionable es que Santiago Carrillo fue uno de los miembros de aquella admirable generación de políticos que, tras la muerte del dictador, hicieron posible el entendimiento constitucional de los españoles. El posterior incumplimiento sistemático de la mayoría de los preceptos establecidos en la Carta Magna, no debe oscurecer en modo alguno la intensa labor que las principales fuerzas políticas españolas (y entre ellas, el PCE de Santiago Carrillo) consiguieron realizar durante el bienio 1977–1978 a la hora de consensuar unas reglas del juego justas y duraderas.

De hecho, que ciertos politiquillos actuales quebranten a diario aquellos apartados del texto constitucional en los que se define el Estado social establecido en el artículo 1º, debería ser un acicate para que el pueblo soberano exigiera su cumplimiento. Seguramente, Santiago Carrillo y todos los demás luchadores y luchadoras por la libertad y la igualdad que ya no están entre nosotros, así lo querrían.

 

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