Cassandra y las paradojas judiciales

30. marzo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La Audiencia Nacional ha condenado a un año de prisión a la ciudadana Cassandra Vera por humillar a las víctimas del terrorismo. Su delito: publicar en la red social Twitter mensajes humorísticos sobre la muerte de Carrero Blanco como “Kissinger le regaló a Carrero Blanco un trozo de la luna, ETA le pagó el viaje a ella” o “¿Carrero Blanco también regresó al futuro con su coche?”

Al dictar esta condena, la Audiencia Nacional ha incurrido –quizá sin pretenderlo– en tres paradojas espacio-temporales de nivel cósmico.

La primera: ¿qué ocurre cuando la supuesta víctima del terrorismo presuntamente humillada es, a su vez, el número dos de una organización terrorista llamada Franquismo, que aterrorizó a este país durante cuarenta años?

Cabe recordar que la supuesta “víctima humillada” fue vicepresidente del Gobierno entre 1967 y 1973, y presidente entre junio y diciembre de este último año, cuando ETA hizo saltar por los aires una sucesión programada de Franco en su persona. Y cabe recordar también que, desde sus múltiples cargos en la dictadura franquista, Carrero Blanco fue corresponsable de todos los crímenes de Estado, detenciones arbitrarias, torturas y demás actos delictivos cometidos por el régimen para garantizar su propia supervivencia.

¿De verdad piensa la Audiencia Nacional que este asesino de libertades merece que su memoria sea jurídicamente respetada, 44 años después de su prematuro ascenso a los cielos?

Seguramente, los jueces de la Audiencia Nacional que han dictado esta sentencia aludirán al principio de neutralidad, en función del cual, todas las víctimas del terrorismo merecen ser respetadas por igual, aunque antes de su asesinato hayan sido unas bestias pardas.

Y en este punto es donde entra en juego la segunda paradoja espacio-temporal. Hace poco más de cuatro meses, la propia Audiencia Nacional absolvía al ciudadano Guillermo Zapata por haber publicado unos tuits bastante más desafortunados que los de Cassandra. Por ejemplo: “Han tenido que cerrar el cementerio de Alcasser para que no vaya Irene Villa a por repuestos”.

La Audiencia Nacional dijo entonces, con buen criterio, que este “humor” era “macabro” y “seguramente reprobable”, pero “en otro plano distinto al de la legalidad penal”. Pues bien, cuatro meses y medio después, cuando la “víctima humillada” no es una verdadera víctima, sino un combatiente profesional que siempre estuvo al servicio de la represión y en contra de la democracia, la Audiencia Nacional dice que las frases de Cassandra “refuerzan aún más su carácter de descrédito, burla y mofa a una víctima del terrorismo”.

Una disparidad de criterios que sólo puede explicarse desde la afinidad que una parte de la judicatura española sigue sintiendo por el terrorismo franquista.

Afinidad que nos conduce hasta la tercera paradoja. Mientras la Audiencia Nacional dice lo que dice contra Cassandra, el Tribunal Supremo (que es quien deberá pronunciarse en último lugar) decía ayer mismo que exhibir pancartas con el lema “Terrorismo empresarial” no atenta contra el honor de la empresa aludida ¿Cómo puede hacerlo entonces un tuit que diga que Carrero Blanco fue el primer astronauta español, o que lo último que bebió este miserable opresor franquista fue un Red Bull?

De los agravios comparativos entre la condena a Cassandra y la absolución de la infanta Cristina, quizá hablemos otro día. Sólo un apunte: la misma Fiscalía que decidió no presentar cargos contra la hija del rey Juan Carlos, pedía inicialmente para Cassandra una pena de dos años y medio de cárcel ¿Será ésta la cuarta paradoja?

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