Cataluña carpetovetónica

11. enero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El vodevil escenificado desde el pasado 27 de septiembre por los independentistas catalanes, tuvo este fin de semana un desenlace acorde con la extravagancia del argumento. El sábado por la tarde, Artur Mas renunciaba finalmente a presidir la Generalitat, mientras la CUP se comprometía a investir en primera votación al candidato o candidata que él mismo designase.

Veinticuatro horas después, y tras el paripé de un debate de investidura exprés, el agraciado Carles Puigdemont, era nombrado presidente autonómico tras afirmar en su discurso de investidura que “el programa de Gobierno que les presento reitera el programa que ya les presentó el presidente Mas el 9 de noviembre”.

El Diccionario de la RAE define el término “carpetovetónico” como “característico de la España profunda frente a todo influjo foráneo”. Durante tres meses y medio, Cataluña ha ofrecido un espectáculo carpetovetónico, mucho más cercano al Duelo a garrotazos de Goya, que a la investidura de un presidente autonómico.

Si el neoliberal Artur Mas estaba dispuesto a someterse a los anticapitalistas de la CUP, ¿por qué no lo hizo antes? Si la CUP se ha negado a investir a un neoliberal responsable de recortes y medidas antisociales, ¿por qué nombra presidente a otro neoliberal continuador de la senda de Mas? Si sólo un 47,8% de la ciudadanía catalana es partidaria de la independencia, ¿por qué se pone en marcha un proceso independentista?

Una sola razón es la que ha movido al bloque independentista a salvar la legislatura mediante un esperpento de última hora: su falta de confianza en que unas nuevas elecciones fueran a mejorar los resultados que obtuvieron el 27-S. Bien al contrario, han optado por ampararse en la falsa mayoría absoluta que les otorga el maldito sistema d’Hondt (apúntense el tanto los defensores del mismo) para cometer a partir de ahora un rosario de ilegalidades institucionales, contra la voluntad del 52,2% de la ciudadanía catalana.

En el colmo de la carnavalada, la CUP (esa reencarnación de aquellos troskistas y anarcoides que tan flaco favor hicieron a la República durante la guerra civil) pisoteando algunos de los principios de esa izquierda que dicen ser. Apoyar a un neoliberal que en su discurso de investidura dice que “este proceso es imprescindible si queremos atender como toca a nuestros ciudadanos”, tiene poco que ver con la lucha de clases o con la redistribución personal y territorial de la riqueza. Si un derechista bávaro emplease este argumento para defender la independencia de su región respecto a Alemania, los “ideólogos” de la CUP estarían -seguramente- en su contra. O quizá no.

 

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