Cataluña: time out

4. enero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Tras conocer el rechazo final de la CUP a la investidura de Artur Mas, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, escribía ayer en su cuenta de Twitter lo siguiente: Siempre he pensado que al final la CUP ayudaría a hacer realidad el mandato democrático del 27-S. Me equivoqué y mucho”. No ha sido la única que se ha equivocado. En nuestro editorial del pasado martes, dábamos por hecho que la dirección de la CUP apoyaría finalmente a Mas, al objeto de poder poner en marcha el proceso independentista.

Nuestro pronóstico no estaba basado en cuestiones soberanistas, sino en el hecho de que el pragmatismo que albergan las cúpulas de las organizaciones de izquierdas suele superar al idealismo de sus bases. Sin embargo, el Consejo Político de la CUP ha decidido romper la baraja, quizá con la esperanza de que unas nuevas elecciones arrojen un resultado más claro a favor de la independencia.

Pero lo cierto es que, con la decisión que ayer tomó la CUP, quien sale derrotado es el independentismo. Si la legislatura termina prematuramente porque los tres grandes partidos soberanistas (CDC, ERC y CUP) anteponen el nombre de un presidente respecto a un proceso calificado por ellos mismos como “constituyente”, sólo cabe deducir que aquello que les separa (la figura de Artur Mas) es más importante que lo que debería unirles (la independencia de Cataluña).

El futuro inmediato de Cataluña presenta ahora varias incógnitas, como el nombre del candidato o candidata de CDC a la Presidencia de la comunidad, como el porcentaje de posibilidades de que la izquierda y la derecha independentistas vuelvan a concurrir en una sola candidatura, o como la reacción del electorado ante el penoso espectáculo que CDC, ERC y CUP han ofrecido a lo largo de los últimos meses.

Especialmente interesante será observar los próximos movimientos en Convergencia Democrática de Cataluña (o como el partido de Mas decida llamarse en el futuro), teniendo en cuenta que cada vez que la derecha nacionalista periférica se implica en un proceso independentista, pierde un tercio de sus votos. Los resultados de Democracia y Libertad en las Generales del 20-D, y la experiencia del PNV tras sus dos Planes Ibarretxe, acreditan la veracidad de esta afirmación.

 

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