Catarro económico en China

13. agosto 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Muchos analistas sostienen desde hace años que cuando la economía norteamericana estornuda, el resto del mundo se resfría. Sin embargo, aún no han dicho qué es lo que puede pasar cuando la economía china se acatarra. Hace unos días, nuestro colaborador Bartleby analizaba magistralmente el estallido de la primera burbuja bursátil en China. Esta misma semana hemos asistido a la devaluación del yuan tres veces en tres días.

Estas dos circunstancias nos sitúan en un momento idóneo para constatar que el capitalismo salvaje es un modelo tan inviable como atractivo para especuladores, parásitos encorbatados y otros especímenes cuyo propósito fundamental es vivir a costa del trabajo de sus semejantes.

Y es que para comprender lo que está ocurriendo en China, es preciso recordar las causas que, en apenas 25 años, han convertido a una gigantesca economía agrícola de subsistencia en la segunda potencia económica del planeta.

La primera tiene que ver con el férreo control estatal de la economía y de la política por parte de una élite que lleva en el bolsillo el carné del Partido Comunista Chino, aunque en realidad tengan de comunistas lo mismo que Esperanza Aguirre.

La segunda radica en la conversión del país, a mediados de los noventa, en un gran parque de atracciones para inversores extranjeros, donde los bajos sueldos eran y son la estrella de la feria.

Y la tercera es la creación de un enorme casino financiero para que las élites locales y los inversores extranjeros jueguen con los beneficios empresariales procedentes de la economía productiva.

Tras la puesta en práctica de los consejos que Milton Friedman les dio a los gobernantes chinos durante sus visitas al país en 1980, 1988 y 1993, todo parecía perfecto en el reino del neoliberalismo.

Sin embargo, la vampirización de la producción industrial mundial por parte de China a base de deslocalizaciones masivas hacia aquel país, ha traído consigo una desindustrialización paralela en el primer mundo, que ha incrementado el desempleo y la precariedad laboral, reduciendo la capacidad de consumo respecto a los bienes de alto valor añadido producidos en China.

El pasado 9 de agosto se publicaba el dato de que las exportaciones chinas habían sufrido una caída interanual del 8,8% en julio, y del 7,3% en el cómputo de los siete primeros meses del año. El gobierno chino descartaba ese día practicar devaluaciones sobre el yuan, pero dos días después devaluó su divisa un 1,86%. Al día siguiente volvió a devaluarla un 1,62%, y cuatro días más tarde (es decir, hoy), ha devaluado el yuan otro 1,11%.

China produce mucho y muy barato, pero el reverso de la moneda es que cada vez hay menos personas en la UE, en EEUU y en Japón con dinero suficiente para comprar sus productos. Habrá que ver cómo resuelven esto el dios Mercado y sus profetas.

 

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